TDT
LA TELEVISIÓN exclusivamente digital ya es una realidad en Soria: esta ha sido la primera provincia en aplicar el «apagón analógico». La previsión es que el apagón vaya extendiéndose progresivamente hasta abril de 2010, cuando la televisión analógica deberá haber desaparecido de todo el territorio nacional. Este cambio va a alterar sustancialmente el paisaje de la competencia televisiva, y por eso los grandes canales privados están de uñas. Las privadas acusan al Gobierno de hacer experimentos más artificiales que reales, de no haber previsto la existencia de TDT de pago, de estar interfiriendo con subvenciones en la compra de los aparatos precisos para la nueva conexión Hay mucho de verdad en esos reproches, pero el fondo de la cuestión es otro: están temblando. Las cadenas no quieren que hablemos de estas cosas. Ellas quieren que hablemos de cuotas de pantalla, que aplaudamos sus espectáculos y que nos limitemos a los cotilleos sobre sus estrellas. O sea que quieren que hablemos de su negocio. Pero aquí, desde el otro lado, lo que nos interesa no es su negocio, sino nuestro ocio: qué tenemos en pantalla, cómo es de apreciable o de despreciable, cómo podemos mejorar la oferta que nos imponen, qué hacer para que seamos nosotros quienes dominemos al aparato y no a la inversa, cuánto atienden los canales la opinión o los gustos o las conveniencias del espectador. Por decirlo en dos palabras: con la TDT, se acabó el cómodo oligopolio que hasta ahora mismo ostentan los grandes canales; usted va a poder elegir lo que quiera de entre una oferta que seguirá siendo limitada, pero mucho más amplia que la actual; la pequeña cadena local o privada va a competir con las grandes en igualdad de condiciones, si no a la hora de hacer presupuestos, sí a la hora de ser sintonizada por el espectador. Por utilizar un símil elemental, es como si hasta ahora en la primera división de la Liga de fútbol hubieran jugado sólo el Barça, el Madrid, el Valencia, el Sevilla y el Depor, y de repente entraran en liga quince equipos más: los grandes seguirán teniendo los mejores presupuestos, las series más caras, los rostros más famosos y los programas más espectaculares, pero van a tener que empezar a batirse el cobre (o el oro) con más empeño y tendrán que aceptar que entren otros comensales en el reparto de la tarta publicitaria. Por eso no quieren que la TDT que sea una realidad inmediata; por eso quieren demorar indefinidamente la entrada de la televisión digital. ¿Lo conseguirán?