| Reportaje | El regalo de los niños |
«Eres un escritor de diez»
Alumnos de los colegios Gumersindo Azcárate, La Palomera, San Claudio, Padre Manjón y Ponce de León regalaron al escritor un libro en el que reinventan varias de sus obras con textos y dibujos
El autor, con el libro y los pequeños artífices del mismo
e. g. | león
«Lo llevaré siempre conmigo». A Merino le entusiasmó el libro que un grupo de alumnos de los colegios Gumersindo Azcárate, La Palomera, San Claudio, Padre Manjón y Ponce de León le confeccionaron con ayuda de sus profesores. Le hizo mucha ilusión el regalo porque dentro del mismo estaban las impresiones y reinvenciones -”con textos y dibujos-” que estos jóvenes aprendices de escritor han hecho de diversos cuentos y libros del autor. «Es un libro de diez», escribe uno de ellos en relación a El cuaderno de las hojas blancas .
Merino también desgranó, en el transcurso del acto, sus múltiples relaciones con el viejo reino. Por avatares de la Guerra Civil, su padre, con orígenes en Villamañán y nacido en Trobajo del Camino se traslado a Galicia, donde conoció a su madre y donde nació Merino en La Coruña en 1941. Ese mismo año, la familia regresó a León.
Desde entonces, la capital y el reino leonés han marcado su trayectoria literaria por la enorme sugestión de su pasado histórico, tocado, como dijo, por la «misteriosa grandeza de lo legendario». A su amistad con Luis Mateo Díez y Juan Pedro Aparicio unió la relación de compañerismo, admiración y disfrute literario que le une a otros escritores leoneses actuales y pasados. Recordó que títulos como La pícara Justina , El señor de Bembibre o El León de España llenaban las estanterías de la biblioteca familiar y que escritores de la talla de Antonio Gamoneda, Antonio Pereira o Victoriano Crémer paseaban por sus mismas calles «como vecinos de carne y hueso». Este ambiente contribuyó a crear en él una afición literaria que encontraba en León «ejemplos y nutrientes». No olvidó, por otro lado, que en su día recibió clases de personajes como Antonio González de Lama, Eugenio de Nora o Ricardo Gullón.
Su inclinación por lo mítico y lo legendario le hizo recordar a su padre, que nutrió su imaginación con relatos sobre el pasado de León, y a su abuelo, quien elevó el edificio racionalista ( Paraíso ) de Trobajo del Camino, en una calle por la que pasan los peregrinos del Camino de Santiago y quien le enseñó «a ver la Vía Láctea en lugar de la carretera». Elementos como la ventana de la celda en la que estuvo prisionero Quevedo; la Orden de Santiago; la ocupación de San Isidoro por la francesada o el topo de la Catedral le ayudaron a construir un espacio literario que continuará con la edición de su próxima novela, que se llamará La sima y que está ambientada «en la montaña occidental», dijo.
El acto concluyó con la actuación del Cuarteto Pallarés, que interpretó -”con toda la sala en pie-”, el Himno a León.