EL INVENTO DEL MALIGNO | JOSÉ JAVIER ESPARZA
Neira
HAY noticias que no pueden quedar sin comentario. Por ejemplo, esta: Antena 3 ha contratado al profesor Neira para que colabore en Espejo público , el programa de Susana Griso, a partir del próximo mes de septiembre. Nadie puede negar que Antena 3 se ha movido con acierto. En una de las informaciones que daban cuenta de la noticia leo lo siguiente: «El profesor universitario que supuestamente sufrió una paliza». Supuestamente? Hay veces que la prudencia rutinaria conduce directamente a la gilipollez. Pero vayamos a lo sustantivo, que es lo otro: Neira se va a la tele o, para ser más precisos, la tele llama a Neira. ¿Por qué le llama? Evidentemente, porque se ha convertido en una celebridad pública y, además, por buenas razones: es un ejemplo ciudadano de respuesta ética ante un caso de malos tratos. Lo que llama la atención es que Neira haya tenido que pasar por ahí para que una cadena de televisión le invite a opinar. Seguramente es ya el momento de decir algunas cosas que hasta ahora, por tan penosas circunstancias, era mejor posponer. Los que conocemos a Jesús Neira de antiguo sabemos quién es: no una estrella mediática malgré lui por causa de un azar desdichado, sino un intelectual que habría merecido disponer de voz propia sin tener que pasar por un suceso de conmoción ciudadana.
Este caballero, profesor de Teoría del Estado, lleva publicando desde hace años estudios siempre interesantes. Yo recuerdo haberle leído textos acerca sobre lo «políticamente correcto» -”en los últimos meses andaba metido en un libro cuyo tema era precisamente ese-”, sobre la noción de «centro» en política y sobre la ruptura de la soberanía estatal en Carl Schmitt, por ejemplo. En los últimos años había venido ejerciendo la secretaría de redacción de una revista de pensamiento en la que yo colaboro. Además era contertulio habitual en programas radiofónicos. Quiero decir con todo esto que en un país normal, con una televisión normal, o incluso en la España de hace veinte años, Jesús Neira sería llamado para opinar en público por su calidad de intelectual, por ser alguien que puede enseñar algo a quien no sabe, y no por haber protagonizado la crónica de sucesos.
Todavía, es verdad, podemos darnos con un canto en los dientes: él salió con bien de aquello, la sociedad ha reconocido su gesto como lo que es, a saber, la reacción de un hombre cabal, y el resultado de todo eso, al margen de una enorme cantidad de porquería televisiva que el viento se llevará, es que tendremos a Neira hablando para un gran público.
Miel sobre hojuelas. Que él esté ahí servirá, sin duda, para elevar el nivel.