Diario de León

EL INVENTO DEL MALIGNO | JOSÉ JAVIER ESPARZA

Miedos

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JOSÉ JAVIER ESPARZA
León

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CUATRO está emitiendo una serie de miedo, de producción nacional, que se llama Hay alguien ahí -”sin interrogaciones-” y que ha fabricado Plural Entertainment, que es la nao audiovisual de Prisa. El producto, que se emite en la noche del lunes, no va demasiado bien de audiencia, pero hay que decir que es muy presentable, dentro de su género. Aterrorizar a la gente es fácil.

La primera vez. Luego, las cosas se complican. Uno puede intentar meter miedo al personal con monstruos y fantasmas; es lo más fácil y, en general, funciona. Pero en esto, como en todo, la costumbre suele llevar a la rutina, y entonces el miedo se acabó. Por esa vía, la única manera de mantener el pavor es imaginar monstruos cada vez más inquietantes, pero entonces uno se arriesga a caer en el más espantoso ridículo.

Ahora bien, hay otra manera de dar miedo que consiste en no enseñar absolutamente nada, sino dejar que sea la imaginación del propio espectador la que aporte sus fantasmas al relato. Este ejercicio es más difícil que el recurso a los monstruos y exige una maestría narrativa consumada, pero, al cabo, es mucho más eficaz y, sobre todo, es inagotable, porque la tendencia humana hacia lo abisal, una vez abierta la espita, no conoce límite. A mí lo que me gusta de Hay alguien ahí es precisamente esto: consigue que el miedo nazca no en el exterior, por la presencia de algún ser abominable, sino en el interior, por combustión de los fantasmas personales de cada espectador. Los grandes del género -”Poe, Lovecraft-” lo consiguieron con narraciones donde el ritmo y el ambiente eran más importantes que el susto. En el paso de la literatura a lo audiovisual, la clave reside en coordinar bien muchos más aspectos: hace falta que la historia no pierda claridad y que absolutamente todos los factores -”ritmo, música, interpretaciones-” converjan en un solo objetivo, a saber, que la emoción no se limite a un sobresalto, sino que el susto, el desasosiego y la inquietud sean permanentes. Tarea difícil. Hay alguien ahí se esfuerza por salir bien del desafío y lo consigue con mucha frecuencia. Quizá su punto débil reside en que los recursos empleados -”la paloma muerta, la niña de mirada fija, la presencia invisible, qué sé yo-” ya han sido explorados mil veces antes y, para los aficionados al género, resulta todo un poco previsible. Eso hace que sean más importantes aún los recursos narrativos de sugestión, de suspense emocional, y aquí al director de la pieza le espera un trabajo de chinos, sobre todo en el montaje final. Si a usted le gustan los relatos de miedo, de esos que te dejan el alma en vilo y los nervios tensos como cuerdas de lira, entonces Hay alguien ahí es su producto. Si no, no. Pero nadie le obliga a verlo.

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