OPINIÓN | ALFONSO GARCÍA

La ficción explica la realidad

Gamoneda, Colinas, Aparicio, Martín Garzo, Rogelio Blanco, el alcalde de León y la consejera de Cultura arroparon al nuevo académico

César Antonio Molina, la consejera de Cultura y el alcalde

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ALFONSO GARCÍA
León

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OPUESTO activamente a la simplificación lingüística, tan empobrecedora pero tan amenazante, José María Merino leyó ayer el discurso de ingreso en la Real Academia Española. Ficción de verdad, que tal es el título, se convirtió en una pieza de orfebrería de la palabra, capaz ésta, cuando se utiliza con semejante precisión, de rebuscar en las galerías más secretas para explicar la vida, aunque sea a través de símbolos, que es una forma más de entendimiento. De conocimiento, sin duda. El eje central del discurso -"y es reveladora la actitud del nuevo académico, una auténtica declaración de intenciones-" giró en torno a la ficción desde una peculiar perspectiva: la ficción como elemento único e indispensable, eficaz y preciso para describir la realidad, para entenderla incluso. Navegar por este territorio es magnífico ejemplo para explorar cómo la palabra acerca lo aparentemente irreal a la vida, a veces con más claves que las que ofrecen las simples apariencias.

Le contestó Luis Mateo Díez, cómplice y conocedor de excepción de los caminos que transita José María Merino, que en no pocos casos son coincidentes en el valor explicativo de la ficción como elemento que ofrece nuevos ángulos de visión de lo que ocurre, mucho menos contradictorio de lo que a simple vista pudiera parecer. Así la palabra, como no podía ser de otra manera en el ámbito de la Academia, se convirtió en protagonista de una sesión inolvidable.

No vamos a descubrir a estas alturas a José María Merino, un verdadero maestro del cuento literario, que, además de su capacidad de crear espacios y ficciones en los límites más generosos de la fantasía, ama la lengua no sólo como vehículo de creación, también por su propia hermosura, por la incidencia social que puede y debe ejercer. La Academia, que ha abierto las puertas al sentir ciudadano y sus variadas e ilimitadas posibilidades lingüísticas, tendrá en este nuevo creador incorporado a sus tareas una visión diferente del lenguaje, llena de vocablos procedentes de los reinos secretos de la ficción y llena también de la resonancia poética de las propias palabras. Ayer quedó más claro aún, si cabe, que su voz es necesaria. Y eso es motivo de satisfacción y de agradecimiento. Quede dicho.

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