La Colegiata lleva un siglo de restauraciones a sus espaldas

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León

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Uno de los problemas a los que se enfrentan quienes emprendan la rehabilitación de San Isidoro es borrar las huellas de los «agravios» sufridos por el templo a causa de restauraciones pasadas que resultaron más que dañinas. La fachada principal, por ejemplo, se cubrió de un barniz cuyo objetivo era protegerla y que al final desembocó en una intensa erosión de la piedra. Tanto Juan Bautista Lázaro en 1905 como Juan Crisóstomo Torbado algunos años después tuvieron que enfrentarse a la falta absoluta de recursos y sus intentos de «curar» las heridas del templo fueron muy accidentados. Para Torbado, la operación se convirtió en un asunto personal y, después de muchos avatares y con una partida de 25.000 pesetas concedida por el Ministerio de Bellas Artes, concluyó la restauración interior del templo. Allí reemplazó los sillares calcinados en el incendio y renovó los nervios de la bóveda, que era de madera pintada. La iglesia se reabrió al culto el 26 de octubre de 1920 y ese mismo año comenzaron a llegar consignaciones de 25.000 pesetas procedentes del ministerio parar reparar el exterior del templo, así como el claustro.

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