ENTREVISTA | VICTORIANO CRÉMER
"Sólo quiero vivir y morir en León"
Su poesía ha marcado escuela. Enemigo de los grupos generacionales, siempre ha caminado sin escuderos. Pluma ágil, mago de las palabras, ironía que esconde tragedia... Ha tocado todos los géneros y ha combatido con la fuerza del verbo. Amigo de sus amigos y leal compañero. Comprometido con su particular causa, la búsqueda de la propia libertad, ha estado siempre frente a todo. Pero respeta a los hombres. «Trato de salvar el honor de las personas». Su bibliografía es amplia, pero, sobre todo, indispensable. Los títulos son ya pura música: Tacto sonoro, Las horas perdidas, Furia y paloma, El fulgor de la memoria, Diálogo para un hombre solo, Libro de Caín, Los trenes no dejan huella o El palomar del sordo. Hace tiempo escribió: «Huele a soledad el campo,/ tan breve, tan sin sentido,/ bajo un firmamento abierto/ de par en par... Así era Victoriano Crémer. Claro y directo, aquí hay un resumen de quince años de entrevistas. Al concluir cada una siempre pedía: «Arréglalo si puedes...».
—¿Cómo ve León?
—León da gente importante en las letras que salen de León o tienen que afiliarse a algo que les garantice una profesión. Los escritores en España nunca están garantizados.
—Parafraseando a Machado, ¿Le duele León?
—Desde hace mucho tiempo. Me nacieron en Burgos pero llevo en León 98 años, que son suficientes para que se den cuenta de mi fervor y adhesión. He podido estar en Madrid o en Barcelona, donde tenía puestos de trabajo, pero me atraía León; me atraía como esas mujeres que, sin ser del todo guapas, te atraen. León es una ciudad vivible, nada más. No le pido que me nombre alcalde, que es la suma aspiración de muchos poetas. Sólo quiero vivir y morir en León.
—¿Cuál es su mejor recuerdo?
—Me casé por amor, que es difícil y raro en estos tiempos de cálculos. Me casé con un zurrón de militar. Venía de la guerra y no tenía más bienes. Me quedé en la calle. Así me casé, con una chicha de mi mismo nivel. Vivir enamorado es a lo máximo que se puede aspirar en este mundo. Quien no está enamorado y juega con subterfugios, se engaña a sí mismo. El recuerdo de mi mujer es lo que más destaco de León. Verás retratos de ella por toda mi casa, porque así la reconstruyo. Continúo enamorado y enamorado me moriré —dios quiera que sea tarde, aunque quizá no me queden más de 20 años—. Como decía Quevedo: «Polvo eres, más polvo enamorado»….