Diario de León
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El invento del maligno José Javier Esparza

Gran aportación de Jorge Javier Vázquez a la hermenéutica de las ciencias de la comunicación: Sálvame nos ha ofrecido un ejemplo práctico e indubitable del sentido del término «telebasura». Como usted sabrá, el alcance exacto de este término siempre se ha prestado a debate. La gente, en general, suele llamar «telebasura» a todos los productos televisivos de marcado carácter indecente.

Sin embargo, los expertos en la cuestión siempre han dicho que «telebasura» sólo lo es propiamente aquel tipo de televisión que pone en escena la violencia en directo para que el ruido atraiga a las multitudes. Así, no cabría emplear el vocablo para definir ese otro tipo de programas donde lo que se exhibe es, simplemente, la estupidez o la procacidad. Es un debate sin fin, pero lo de la otra tarde en Telecinco viene a zanjar la discusión: ya podemos decir que Sálvame es telebasura. La agria pelea entre «Pipi» Estrada y «Jimmy» Giménez Arnau ha puesto la dosis de violencia directa que faltaba en el cuadro. ¿Era inevitable que las cosas acabaran así? Todo dependía de la profesionalidad de los protagonistas, es decir, de su capacidad para prodigar insultos sin llegar a las manos. Ya han llegado, luego la cuestión queda cerrada. Ahora lo lógico sería que Telecinco aplicara el código vigente, es decir: sanción a los responsables y cierre del programa. Podemos vaticinar, no obstante, que eso es lo único que no ocurrirá. Y al revés: es altamente probable que el incidente se use como carnaza para atraer más público en horarios todavía más inadecuados. No creo que los efectos sociales de esto sean demasiado graves: ya nos hemos acostumbrado todos a vivir en el vertedero; ni siquiera nos molesta el olor. Ahora bien, el incidente sí debería tener consecuencias en el plano profesional.

Por decirlo en dos palabras (y omito el término «ética» por no molestar), es absolutamente impresentable ganarse la vida con espectáculos de este género. Si yo trabajara en esa cadena, me sentiría realmente avergonzado por ver el logotipo de quien me paga la nómina. Y si a los profesionales de esa casa no se les cae la cara de vergüenza, entonces todo es más grave aún, porque significa que ya se han hundido definitivamente en el abismo. La única oportunidad de regeneración está en quienes se ganan la vida fabricando esas imágenes. ¿Les quedarán arrestos para intentarlo?

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