El equilibrio entre la fiereza y la bravura
Excelente presencia y juego de los toros de Valdellán en su pimer festejo mayor
Los toros de Valdellán lidiados ayer en La Granja de San Ildefonso tuvieron una excelente presentaci
Se estrenó la ganadería leonesa de Valdellán en festejo mayor y lo hizo a lo grande, para delicia de los aficionados y esperanza de público y ganadero. Los toros criados en Santa María del Río no sólo tuvieron ayer una excelente presentación, sino que dejaron en el ruedo una combinación de bravura y nobleza que no fue del todo aprovechada por los espadas. Sí fue apreciada por el público de La Granja de San Ildefonso, acostumbrado a disfrutar sobre todo del ganado; se valoró en los tendidos el trapío, pero sobre todo el comportamiento: todos los toros fueron dos o tres veces al caballo, murieron con la boca cerrada, no dejaron de embestir (sin hacer un extraño, a mayores) hasta que se cansaron los toreros y además lo hicieron humillando, con recorrido y clase. Pese a que la lidia que recibieron no fue la más acertada para hacer aflorar las bondades de los toros.
Éxito importante pues para la ganadería de Fernando Álvarez Sobrado, en su presentación oficial, ya que después de siete años de selección por fin lidiaba su primera corrida de toros. Los astados de Santa Coloma, muy en el tipo (sobresalió el corrido en cuarto lugar, con más de 600 kilos, que pese al tamaño tuvo excelentes hechuras y un comportamiento muy destacado), cumplieron con creces las expectativas. Un inicio de andadura a destacar para una ganadería que busca el toro bravo, noble sí, pero con un punto de fiereza.
Con este material podía haberse esperado mayor éxito de apéndices, pero las espadas fallaron estrepitosamente. Y los toros, también hay que decirlo, se resistieron a morir con bravura: fueron duros de patas, se les apuntilló con las bocas cerradas e incluso cuando parecían muertos dieron algún susto a subalternos poco acertados con la puntilla.
No tuvo su tarde el leonés Javier Castaño, que anduvo sobre todo mal con los aceros. El primero se revolvió con agilidad y trajo de cabeza al torero, que intentó atemperar los pases a un animal algo pegajoso que no le dejaba colocarse. Por la izquierda sacó algunos pases de calidad, pero luego le costó cuadrarlo para la suerte suprema, en la que se demoró en exceso.
Tampoco anduvo fino con la espada en el cuarto, un toro muy serio, grande, que se emplazó al principio y al que enceló bien para llevarlo al caballo. Fue el de Valdellán tes vecces, apretó con fuerza y pese al serio castigo recibido llegó con pies a la muleta. Se fajó el leonés con la encastada embestida del astado, valiente por el izquierdo y con tandas con más enjundia por el derecho.
José María Lázaro suplió con ganas su falta de oficio, y no lo tuvo claro con un buen segundo, mirón pero que siguió con fijeza y alegría el engaño. Muchas precauciones y no pocas dudas. Así comenzó también la faena al toro de la tarde, el que hizo quinto, que salió rematando con violencia en los burladeros. No se entendió al principio Lázaro con el de Valdellán, pero el toro fue a más, noble, bravo; y el joven diestro fue confiándose hasta lograr tandas más templadas por los dos pitones, estirándose en algunos pases. Lo mató con mayor acierto y paseó la única oreja de la tarde.
Alberto Román realizó al tercero la faena más entonada del festejo, firme con la embestida codiciosa del de Valdellán que siguió con celo la muleta baja que el joven torero le dejó en la cara con acierto. Tandas ligadas, y trofeos perdidos con el acero.
El que cerró plaza salió lastimado, pese a lo que recibió tres puyazos (los únicos que se colocaron en su sitio en toda la tarde). En la faena de muleta sacó la cara por arriba, más por falta de capacidad para seguir el engaño que por mala condición. Tampoco se lució el torero con este animal.
Al final, fuertes ovaciones para los toros. Y un excelente sabor de boca. De aquí en adelante.