CINE
«Anticristo» o la teología de la desesperanza
El autor desmiente su misoginia y afirma que necesita a las mujeres para escribir

Lars von Trier (c) posa junto a los actores William Dafoe y Charlotte Gainsbourg.
Mucho se ha hablado sobre la simbología religiosa de la última película de Lars Von Trier, que, en realidad no se aleja mucho de las otras creaciones que tratan este tema en la carrera del director. El título, Anticristo, es una clara referencia a la obra homónima del filósofo Nietzsche, que fue libro de cabecera de Von Trier durante su adolescencia. Sin embargo, en esta cinta no se rebaten, uno a uno, los aspectos que conforman la religión cristiana, como en el ensayo del pensador alemán, sino que se realiza un pormenorizado análisis dw la frustración humana.
El realizador danés explica que «todas las religiones han sido escritas por hombres. La mujer podría ser un anticristo capaz de representar una religión alternativa». Para él, la religión es un invento humano, al que no ha dejado de poner en cuestión a lo largo de toda su filmografía, sobre todo en Rompiendo las olas, Bailar en la Oscuridad y en «Anticristo». Las referencias religiosas en la película son evidentes, y en ella un hombre y una mujer se ven arrojados a una cabaña que funciona como antítesis del paraíso, llamada, precisamente, Edén.
Una vez más, Von Trier sitúa a una mujer ante una perturbación mental, pero la resolución del conflicto es muy distinta a la que se da en «Rompiendo las Olas», En la aclamada obra del director, la protagonista encontraba su redención en su creencia religiosa, frente a las burlas de los ortodoxos,y al final, después de muerta, cumplía su deseo de que su marido se recuperara de una parálisis.
En esta nueva mirada sobre las creencias femeninas, la mujer, enferma, intenta crear una religiosidad paralela, en la que, como ella dice «la naturaleza es la iglesia de Satanás» y la peripecia vital acarrea la presencia de «los tres mendigos», la tresteza, la desesperanza y el dolor.
El cineasta proyecta su desillusión en el film.
Von Trier proyecta la desilusión que impregnaba «Los idiotas», otro de los clásicos del autor, en esta nueva concepción del mundo, y sólo desde ella es posible entender que «Anticristo» es una obra maestra, y no una burla ni «una carnicería» de mutilaciones y vísceras, ni, por supuesto, una película de terror, aunque contiene elementos de este género, sabiamente manejados por el controvertido director.
La estructura argumental es muy parecida a la de «Rompiendo las Olas», y, al igual que en esta, la trama está organizada por capítulos. El prólogo y el epílogo, mudos, y muy expresivos, recuerdan claramente al cine de Andréi Tarkovski, responsable de Stalker o Solaris, a cuya memoria está dedicada la película.
El ambiente claustrofóbico que invade todo el film nos lleva también a las obras del ruso, y otra huella claramente marcada en «Anticristo» es la del director sueco Ingmar Bergman, con trabajos como «Persona», que bucean en la intimidad de las parejas. El ritmo de «Anicristo» es moroso y lento hasta que se precipita el desenlace, que coincide con la revelación de la condición existencial de los dos seres encerrados en un mundo que no ha sido creado por ellos.
Cierta crítica se ha visto sorprendida de que una cinta con este título no encerrara una polémica religiosa mayor, pero Von Trier no lanza ataques agresivos, al estilo de «Camino» o «Los Girasoles Ciegos» pues, este cineasta no necesita ser explícito en sus planteamientos para hacer buen cine, y se nota que no estamos, afortunadamente, ante una producción española. En definitiva, hace falta ser un entusiasta del cine de verdad para adorar a este «Anticristo», pero la exigencia de atención y de amplitud de miras que nos propone el genial director danés merece, y mucho, la pena.