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León

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Opinión | cristina fanjul

Es sin duda una buena noticia. Para el Musac, para León y para el arte contemporáneo. Porque, a pesar de lo que ahora digan los voceros de la nada -”lo peor de la envidia es que siempre chirría-”, Agustín Pérez Rubio es la mejor apuesta para este cargo. Nombres como José Guirao, Octavio Zaya o Beatriz Rub están fuera de toda duda. Pero es que además la labor del hasta ayer director en funciones se reconoce cada día por los responsables de museos de todo el mundo, que envían sus felicitaciones y se acercan hasta León para conocer el proyecto Musac. Agustín Pérez Rubio es un obrero del arte contemporáneo. Quiero decir con esto que su vocación es totalmente vertical; recorre todos los peldaños de un mundo demasiado volátil, tanto que los conceptos con que se moldea su identidad cambian de manera constante. Trabajador infatigable y emprendedor, es además un profesional de una profunda formación teórica e intelectual. Su erudicción en las corrientes de pensamiento que han fraguado el crisol del arte contemporáneo son reconocibles y así lo certifican el número de comités y publicaciones internacionales con los que colabora.

A pesar de todo, no es fácil la tarea que tiene ante sí. La crisis ha provocado un descenso en la inversión destinada al Musac que no garantiza que su espíritu inicial se cumpla. De momento, la colección -”columna vertebral de cualquier museo-” se encuentra en un peligro impasse y las temporadas expositivas -”sólo dos-” hacen que la vocación internacional del museo haya perdido fuste. Agustín Pérez Rubio tendrá que luchar por un espacio que podría iniciar la senda de la agonía si no se pone remedio, y tendrá que hacerlo desde el minuto uno. Un ejemplo es la plaza de conservador jefe, huérfana desde el momento en que el ya director deja el apellido de «en funciones» y de la que el Musac no debería prescindir. En cualquier caso, enhorabuena y mucho éxito.

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