Entrevista | nacho ares | historiador y periodista

«Los egipcios lo consiguieron: son inmortales para nosotros»

Abre hoy el ciclo de tres sesiones «Egipto: viaje a la vida»

Nacho Ares, investigador y divulgador leonés.

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e. g. | león
León

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Le hemos visto en la televisión, escuchado en la radio, leído en la prensa... y siempre persiguiendo un mismo afán: el de investigar y divulgar los enigmas históricos que rodean al mundo del antiguo Egipto. El autor leonés comienza hoy un ciclo cuyas dos siguientes sesiones serán los próximos días 26 de febrero y 28 de mayo.

-¿Sobre qué aspectos versará su sesión de hoy?

-Comenzaré con la «preparación para el gran viaje» que emprendían los egipcios ante el hecho de la muerte. Solemos tener la impresión de que aquella era una sociedad un poco funeraria, algo tétrica, y en absoluto: los egipcios amaban tanto la vida que querían llevárselo todo consigo tras ella.

-¿Cómo pretendían conseguir eso?

Se ayudaban de un gran sistema mágico-religioso en el que tenían mucha importancia la escritura y los signos. Nada estaba dejado al azar: el tipo de jeroglíficos, la orientación de las tumbas, la momificación, todo tenía un significado. En realidad, el concepto de arte como «decoración» nace en Grecia, en Egipto tenía un valor pragmático; servía, entre otras cosas, para preparar al difunto para el viaje. Y, por ejemplo, resultaba vital la simple escritura del nombre de la persona: eso mantenía su recuerdo y le seguía dando vida. De hecho, cuando querían acabar con la memoria de un faraón, lo que hacían era borrar su nombre.

-¿Y las pirámides, esos monumentos descomunales?

-En realidad, las grandes pirámides se construyeron en los primeros siglos del antiguo Egipto, entre el 2.600 y el 2.300 a. C.; eran grandes símbolos del poder ilimitado del soberano divino; pero hoy me detendré sobre todo en los hipogeos, las tumbas excavadas en la roca en las que se aprecia mucho mejor el sistema mágico-religioso al que antes aludía.

-Y en parte gracias a todos esos monumentos hoy conocemos a aquel pueblo...

-Sí, podría decirse que los egipcios consiguieron su propósito de inmortalidad. Para nosotros lo son, conocemos sus nombres, sus vidas, perpetuamos su recuerdo... eso era lo que ellos querían,

-¿Se ha ampliado mucho el conocimiento de esta civilización en nuestro país?

-Sin duda. El paso hacia adelante que hemos dado en estos últimos 20 años ha sido brutal. Con libros especializados, canales temáticos... y las seis misiones arqueológicas españolas que ahora mismo están trabajando en Egipto y los profesionales españoles que trabajan en misiones de otros países. La lástima es que aún no podamos estudiar aquí Egiptología.

-¿Qué le parece la labor que está haciendo el Instituto-Museo Bíblico y Oriental?

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-Encomiable. Se parece mucho al sistema británico, donde, además de las instituciones públicas, hay entidades privadas que acercan la cultura a la gente. Es el mejor telón de fondo para hacer grandes cosas.