gimnasia rítmica. continúa el frío y la indiferencia

El Club Ritmo amenaza con irse a Valladolid

Su directora estudia marcharse de León si no le ofrecen un «lugar digno»

Las gimnastas entrenan en el mismo pabellón con bufandas, gorros y cazadoras para evitar el frío.

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pablo rioja | león
León

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«Aún estamos esperando una llamada del Ayuntamiento, es una vergüenza el modo en que están tratando al Club Ritmo. Nadie nos ha comunicado oficialmente la cesión del Pabellón de Puente Castro para desplazarnos allí a entrenar, me he enterado por la prensa». Así de contundente se mostró ayer su directora, Ruth Fernández, quien aseguró que desde que este periódico hiciese públicas las «indignas instalaciones» en las que entrenan a diario «con cazadoras, bufandas y guantes para evitar el frío», les han llamado de ciudades como Alicante o Valladolid para que trasladen su sede allí. «En Valladolid nos han ofrecido el Centro de Tecnificación Deportivo para Gimnasia Rítmica y después de tantos desprecios estamos estudiando seriamente el trasladarnos con las chicas».

Un trato digno. Fernández reclama al Consistorio leonés «que nos traten como lo que somos; un equipo de alta competición. El Pabellón de Puente Castro no es la solución, en primer lugar porque no dispondríamos de él hasta dentro de dos años, y en segundo, porque tendríamos que compartirlo con otras escuelas, viéndonos obligadas a repartir los horarios», puntualiza. «No me importa si no quieren darnos un pabellón específico, con que nos arreglasen el que ya tenemos valdría, pero se niegan porque alegan que pertenece a la Junta».

Representar a León. La directora del Ritmo asegura que «a unas campeonas de España no se las puede despreciar así. Ansiamos quedarnos en León y representarlo en todos los lugares donde compitamos como hemos hecho siempre, pero exigimos otro trato por parte de las instituciones locales. Es cierto que nos prestan el Palacio de Deportes, pero días dispares y en las peores horas, como por ejemplo de 7.30 a 8.30 de la mañana, una franja inadecuada para niñas de entre seis y quince años. Sentimos que nos tratan como a un deporte minoritario», finaliza Fernández.

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