fútbol. primera división

El Madrid aguanta el pulso

Resolvió en un gran primer tiempo ante un flojo Espanyol y se dejó llevar luego

Guti protege el balón ante la entrada de Javi Márquez.

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i. tylko | madrid
León

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Va ya por delante que este Espanyol de chavales es vulnerable, muy liviano, inocente y temeroso, pero el Madrid confirmó en la primera parte su progresión, su capacidad de pelearle la Liga al Barça a poco que los azulgrana se descuiden en un par de partidos.

Pellegrini repitió el once que tan buenas prestaciones ofreció en Riazor, prescindió de todo canterano en la convocatoria sin temor a tensar la cuerda con Valdano, y sus pupilos dominaron de cabo a rabo en todos los aspectos del juego. Se aseguraron el triunfo y luego sestearon, sabedores quizá de que la -˜Champions-™ se acerca y tampoco es cuestión de sobreesfuerzos. O les faltó fuelle, lo que sería preocupante.

Formaron un equipo bien construido, con automatismos, no basado sólo en un par de pilares, en individualidades. El Madrid no echó de menos a Ronaldo, divertido en su palco con el fútbol y, sobre todo, con su teléfono móvil. Presionó en bloque, con las líneas juntas y adelantadas, ocupó muy bien los espacios, rompió por dentro y por fuera, gozó por momentos del mejor Kaká de la temporada, replegó bien y demostró estar muy bien trabajado en la estrategia.

Granero tuvo un guante en su pierna derecha y de sus precisos pases llegaron los dos primeros goles que acabaron con toda incertidumbre. Hasta Raúl creció hasta parecerse al de tiempos pretéritos. Se movió entre líneas, tocó, se ofreció y buscó el gol de todas las maneras, sobre todo de cabeza. Una pesadilla para los blanquiazules. Su único problema es que se encontró con un Kameni notable que le amargó la noche.

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Tan fuera de partido se vieron los -˜periquitos-™ casi desde el arranque, desde ese certero cabezazo de Sergio Ramos a los cuatro minutos que indignó a Pochettino por no encontrar oposición, que en acciones aisladas perdieron la cabeza. Los tacos con los que Javi Márquez tatuó el gemelo de Guti, más apagado y discontinuo que en La Coruña, y la patada de Osvaldo a Albiol en un salto, se merecieron la roja. Jugadas que no cambiaron el signo del partido, puesto que el Madrid ya había encarrilado el triunfo, pero que alimentarán el mediático debate sobre si es más fácil expulsar a Cristiano Ronal do que a los rivales blancos.