OLIMPISMO. ADIÓS A JUAN ANTONIO SAMARANCH
«Buen viaje a la eternidad»
Su familia, los Reyes y autoridades políticas y deportivas despiden a Samaranch con un solemne homenaje
Nadal, Barrufet y Gemma Mengual portan el féretro de Samaranch.
C on todos los honores y con la emoción que transmite el himno olímpico. Las máximas autoridades políticas, deportivas y sociales de España; sus hijos, su pareja sentimental y sus nietos, así como miles de ciudadanos de Barcelona, dieron ayer su último adiós al ex presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, fallecido el miércoles a los 89 años de edad. La ciudad de Barcelona se volcó para despedir al que muchos ya conocen como su vecino más ilustre y universal y para el que piden no sólo una calle, sino que el estadio construido para los Juegos de 1992, su gran obra y su colosal legado, deje de llamarse Lluís Companys y pase a denominarse Juan Antonio Samaranch, en homenaje al hombre que consiguió que la llama olímpica prendiese con más luz que nunca en el pebetero barcelonés.
La despedida tuvo la solemnidad de las grandes ocasiones, acorde a la altura de un personaje que fue alabado de forma unánime por casi todo el mundo. «El más influyente desde Pierre de Coubertin», dijo el presidente del COI, Jacques Rogge.
El féretro del presidente de honor del COI quedó instalado en el Palau de la Generalitat a las 10.00 de la mañana. Allí le esperaban sus hijos, Juan Antonio y María Teresa, su pareja sentimental, Lluisa Sallent (su mujer María Teresa Salisachs falleció en el 2000), y una nutrida representación de la sociedad, encabezada por los Príncipes de Asturias. La sala Sant Jordi se quedó pequeña y vivió su momento más emotivo cuando el féretro, cubierto por la bandera olímpica, hizo su entrada bajo los sones del himno olímpico. Era el momento de las lágrimas, los abrazos y el recuerdo.
«Un amigo entrañable, un coloso del deporte y el olimpismo moderno», lo calificó el príncipe Felipe. «Gracias, querido Juan Antonio, buen viaje a la eternidad», concluyó. Especialmente sentida fue también la despedida que le tributó su hija, que recordó que su padre siempre les decía que tenía dos familias: la personal y la del deporte. «Aprendimos a compartir a nuestro padre con los deportistas y a construir su otra gran familia, la del deporte», dijo María Teresa Samaranch Salisachs. Poco después, el acto concluyó con Amigos para siempre , la canción que puso colofón a los Juegos de 1992 y que fue interpretada por Josep Carreras.
Su legado fue destacado por el mundo social, político, económico y deportivo y por el rey Juan Carlos. «España ha perdido a uno de sus hijos de mayor proyección universal», dijo el monarca.
La capilla ardiente fue un continuo ir y venir de personas y cerró hacia las cinco de la tarde, con cientos de ramos de flores llegados de todo el mundo, incluidos los que envió el presidente cubano, Fidel Castro. En ese momento, una treintena de deportistas como Nadal, Indurain, Doreste, Estiarte, Gemma Mengual, Arantxa Sánchez Vicario, Theresa Zabell, Manuel Orantes, David Barrufet o Gervasio Deferr, entre otros, portaron el féretro, de ocho en ocho y haciendo relevos, por las calles de Barcelona y lo llevaron hasta la catedral, donde se ofició el funeral.
Era la imagen que Samaranch quería, siempre rodeado de deportistas. La familia acompañó a la comitiva fúnebre, que recorrió los 200 metros que hay entre el palacio de la Generalitat y la catedral en absoluto silencio, sólo roto por el sonido de las campanas del templo. La ceremonia religiosa, que puso punto final hacia las siete de la tarde a los actos de homenaje, fue presidida por la familia Samaranch, los Reyes de España, el Príncipe de Mónaco y autoridades políticas y deportivas.