Diario de León
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León

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Lo he dicho alto y claro en mi casa: «A partir de las cuatro de la tarde, en el salón no entra nadie que no venga ya orinado y con las llamadas del móvil ya hechas». Hoy el sofá de cada casa será un palco presidencial. No digo que los chicos de la Roja no sientan sus nervios antes de salir al campo, pero lo suyo se arregla con una arenga de don Vicente, sin embargo, lo que esta tarde podemos padecer usted y yo sólo se detendrá metiendo los nuestros un gol en el primer minuto; y otro más, en los cinco siguientes; a partir de ahí, el resto ya pueden llegar más espaciados. Cualquier otra posibilidad implicará tenernos a la afición con el corazón de tembleque en tembleque. Al borde del patatús.

Me aferro al título de la sección. Al campo debe salirse con hambre de gol, pero no de nueva cocina, donde las cantidades se reparten con microscopio, sino de gran perola a rebosar, sanchopancesca. Con gula de goles. Sin minimalismos, gastronómicos y de los otros. Golear hasta el empacho. Y otro más de postre. El equipo que primero marca no siempre resulta ser el que después gana, es cierto, pero desde el punto estrictamente sísmico, se agradece que los tuyos tomen la delantera. Total, al rival qué más les da. Si no marcamos enseguida, nuestros nervios pasarán por todos los grados posibles de la escala de Ritcher. Por piedad, chicos, meted vosotros primero. Y ya no paréis. Sí, el sofá de cada casa será hoy un palco presidencial, desde el que asistir al mayor espectáculo futbolístico del mundo. A todos nos estará permitido sentar cátedra, de lo que sabemos y de lo que ignoramos, algo muy español. Faltan horas. Dentro de poco, minutos. Pese a tanta zozobra e inquietud, ¿cabe mayor emoción compartida que esta que nos espera dentro de un rato? El tembleque nos resuena en los adentros, como inquietantes tamtanes africanos. Impresiona, sin duda. Y, sin embargo ¿hay nervios más épicos y estéticos que estos que ya asoman por el horizont e?

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