fútbol. primera división
El Sevilla asoma a Champions (2-0)
El equipo andaluz obtiene una cómoda victoria con goles de Negredo y Alfaro, que salieron desde el banquillo, para sentenciar a un Valencia demasiado gris
El defensa portugués del Valencia Miguel Brito, derecha, lucha un balón con Diego Capel.
Era un partido de los denominados grandes. De esos que cualquier aficionado paga una entrada para ver. Un Sevilla-Valencia es sinónimo de estrellas, entusiasmo, clase y lucha, mucha batalla. De hecho el encuentro comenzó como era de esperar. Un duelo de ida y vuelta, donde los candidatos a la tercera plaza (de ilusos es pensar más allá) no daban tregua. Fue el Sevilla quien mejor empezó. Cosa lógica, teniendo en cuenta que era el local. Perotti hizo la más clara para los suyos, pero fue Mata quien de verdad tuvo la oportunidad de adelantar a los visitantes, si no llega a ser por Javi Varas. Al final 2-0 para el Sevilla.
Pero entre los 25 protagonistas hubo uno al que le suele gustar salir de actor principal. De nombre vasco y apellido castellano, gustó a Iturralde González decidir que el empate a cero estaba empezando a ser demasiado soso. Así que cerca de la media hora de juego complació al aficionado de casa expulsando por roja directa al valencianista Topal, por una entrada sobre Cáceres. Bien es cierto que en apariencia era justa. Pero que el uruguayo hiciera un teatro, que bien lo hubiese firmado su compatriota el dramaturgo Mauricio Rosencoff, inclinó bastante la balanza en la decisión final.
Con uno menos el Valencia no se amilanó. Los de Unai Emery supieron controlar las nítidas avanzadillas que intentaban Capel y Perotti por las bandas. No se encontraba cómodo el Sevilla con un centro del campo muy lento, con Romaric haciendo de organizador y con escasa calidad. El técnico ché hizo el juego perfecto para los suyos. Joaquín, ex bético y eso se recuerda con gracia en el Pizjuán, ayudó en defensa hasta que en el descanso continuaron los problemas levantinos. César se lesionó en la primera mitad, aguantó hasta el final y ya en vestuarios dijo que le tocaba a otro hacer de espartano. Su sustituto, un tipo de esos que tienen cara de ser buena persona, lo confirmó en la segunda mitad. Guaita no supo atajar un disparo de Cáceres desde el borde del área y Negredo, que acababa de entrar, marcó por debajo de las piernas del guardameta.
El gol abrió aún más un partido loco, roto. No interesaba a Manzano, pero decidió envidar la apuesta de su compañero y apostó por más madera. Con la entrada de Alfaro dio orden a los suyos de que quería ampliar el marcador. Y lo hizo.