FÚTBOL. PRIMERA DIVISIÓN
La ley de Mou
El entrenador del Real Madrid idea un plan, lo traza y lo ejecuta sin importarle la imagen que arrastre el club

Mourinho, en uno de los entrenamientos en Valdebebas.
Nada es gratuito en Jose Mourinho, trabajador concienzudo y detallista, estratega, motivador, excelente conductor de grupos, desestabilizador de los rivales directos, persona «non grata» en el Camp Nou y comediante a la hora de mostrarse, explicarse o justificarse. Como demostró en el Ámsterdam Arena, un templo blanco desde la séptima labrada por Mijatovic, el portugués idea un plan, lo traza y lo ejecuta sin importarle la imagen que arrastre el Real Madrid, un club que siempre presumió de señorío como santo y seña.
Como diría Luis Aragonés, Mou sólo piensa en ganar, ganar y ganar, en engordar su palmarés. No en si hace más o menos enemigos en el camino. No lo inquieta que se le tilde de ser un «Maquiavelo del fútbol» para quien el fin justifica los medios, un «personaje contracultural», un técnico «falto de vergüenza» o un «cínico»
Éstos son sólo algunos de los calificativos aparecidos en los medios tras el último show de Ámsterdam. En el Madrid están encantados con su trabajo, con la forma de progresar del equipo y con la gestión del vestuario. Saben que el portugués es entrenador dentro y actor fuera. Cuando le ficharon, conocían el fondo y la forma del primer técnico en quien de verdad creyó Florentino Pérez
Sin grises, agradecido a Dios de que no le falte modestia y sabedor de que su mayor defecto es no ser diplomático, hipócrita y pelota en un mundo en el que no puedes decir lo que piensas, según su propia confesión a la revista France Football , Mourinho posee su propio código, alejado de esas normas no escritas en el fútbol, de los tópicos hechos ley con el discurrir del tiempo. Presume de no tener grises, de ser un personaje de blanco y negro. Le idolatran o le odian. La virtud del término medio de la que hacían gala los clásicos, no cuadra con su carácter.