FÚTBOL. TERCERA DIVISIÓN

Dos no juegan si uno no quiere

El Atlético Astorga se queda sin el brillo de anteriores encuentros ante un La Virgen que se muestra muy conservador y traba por completo el partido.

Mario Villar remata a pesar de la oposición de Hori.

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roberto arias | astorga
León

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Dos no juegan si uno no quiere, y eso es lo que pasó en la tarde-noche de ayer en La Eragudina, en la que Atlético Astorga y La Virgen empataron sin goles (0-0).

El Atlético Astorga salió dispuesto a solventar el choque por la vía rápida, y pudo conseguirlo si en el minuto 7 el remate de Diego no se hubiera estrellado en el poste izquierdo de la portería defendida por Dani. De este aviso tomó buena nota La Virgen, que comenzó a trabar por completo el encuentro, maniatando a su oponente, rompiendo su ritmo con faltas tácticas, algunas de ellas sin señalar, lo que se tradujo en un querer y no poder del equipo maragato, que pese a ello nunca le volvió la cara al encuentro y siguió buscando la portería rival, y un nadar y guardar la ropa del equipo de La Virgen, que poco a poco comenzó a creer en sus posibilidades, aunque Conde dispuso de otra oportunidad en el minuto 26, pero su remate de cabeza, con todo a su favor, se perdió por encima del travesaño de la portería visitante.

Los últimos minutos de esta primera parte tuvieron color visitante, aunque todos sus intentos de acercarse a la portería defendida por Javi quedaban en eso ante la contundencia y buen hacer de la zaga astorgana.

En la reanudación todo siguió igual, aunque el juego del Atlético Astorga comenzó a diluirse como un azucarillo en el agua, siendo la ansiedad el mayor enemigo de los jugadores locales, que aunque dispusieron de alguna que otra ocasión la falta de ideas y precisión favoreció los intereses de un conjunto visitante que trataba de acercarse a la meta de Javi con jugadas a balón parado, o en balones al área buscando que Perona peinase los mismos para facilitar la labor a algún rematador, pero en ambos casos sólo quedó en meras intenciones porque los porteros apenas tuvieron que intervenir, en unos casos por los errores en los remates finales, y en otros por no llegar el balón a sus dominios.

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