LÍNEA DE SALIDA
A espaldas del reloj…
Cien puntos y cuatro carreras… le han «sobrado» a Sebastian Vettel para proclamarse, por segundo año consecutivo, campeón del mundo. ¡Enhorabuena!. Ahora, de lo que se trata es de negociar un trazado on-off : largas rectas y montón de curvas, al más puro estilo Tilke, el dibujante germano del circuito coreano, Yeongam Sampo-ri, que debutó el año pasado en el Mundial y al que los pilotos todavía no le han cogido el punto .
Al sur del país, en mitad de ningún sitio; bueno… cerca del mar, por lo que la cambiante climatología, y la lluvia, no son ajenas a la cita coreana que, por otra parte, tampoco aporta grandes novedades al campeonato —este año todavía menos— en tanto que encadenamiento «recta-curva» no ofrece mayor aliciente —lo que tampoco es baladí, cierto— que el de una elevada velocidad punta (330 por hora) en sus 5,6 kilómetros de desarrollo (309 kilómetros en las 55 vueltas) que, como el lector fácilmente adivinará, trae aparejada poca carga aerodinámica en la puesta a punto de los monoplazas y donde, eso también, el KERS y el alerón móvil tendrá mucho que «decir» a a hora de facilitar los adelantamientos en pista con, además, los 1.200 de recta… la más larga del Mundial.
Eso, y la curiosidad que supone rodar a espaldas del reloj, en sentido contrario a las agujas: 14-11-14; es decir, 14 curvas, 11 frenadas y 14 cambios de dirección. Otro «11»… la curva de tal nombre , quizá el punto más crítico del trazado coreano donde, tras bajar marchas a go-gó , los pilotos deben abordar uno de esos catorce cambios de dirección con guante de seda para evitar que el coche pierda tracción —propulsión, claro—y acabe dando un latigazo que acabe… contra las protecciones (Webber, el año pasado).
Habida cuenta que no hay más referencias que las del año pasado ( pole para Vettel y victoria para Alonso… por recordar), cuando casi estuvo a punto de no celebrarse y las balsas —de agua— se erigieron en protagonistas; como la «luminosidad», que acabó también por cubrir el circuito con un manto de lo más tupido, que obligaría —¡vaya novedad!— a rodar tras el coche de seguridad durante… ¡17 vueltas!, con lo que los pilotos quedarían finalmente encantados con una carrera cuya salida, al decir de casi todos los presentes —y la mayoría, supongo, de espectadores televisivos—, debería haberse dado «normal», sin el dichoso «safety car» encabezando un pelotón, convertido en trenecito , que acabó por enervar a propios y extraños. Al final, por si tampoco lo recuerdan, el de Corea se llevó el trofeo FIA al mejor Gran Premio de la temporada… ¡ahí queda eso!.
Pues eso, que el domingo —de nuevo a las 8 peninsulares— veremos salir a Vettel «en campeón» del Mundo con, lo que tampoco es grano de anís , el título de Constructores en juego y el subtítulo de Pilotos también en juego… o en parte.