Diario de León

La Comunidad ha perdido 25.000 licencias en los últimos diez años

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p. v. | león
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El número de cazadores que obtienen licencia en Castilla y León se ha ido reduciendo a lo largo de la última década. La dificultad que supone mantener un perro, conseguir o conservar un permiso de armas y disponer de un acotado para cazar hace que, a diferencia de la pesca, cada vez se incorporen menos jóvenes a la actividad cinegética.

Las jornadas de caza se han ido reduciendo en la medida que también se han reducido las poblaciones de perdiz y de liebre. Temporada mas corta, menos días hábiles y menos piezas se unen a mas dinero.

Los cotos cuestan de 100 a 1.000 euros por año según su origen y riqueza cinegética. Licencia, seguro obligatorio, permiso de armas, éste último de obligada renovación incluido examen psicotécnico, se unen a armas, cartuchería y complementos. Bastante dinero para un promedio de diez o doce salidas al campo en las que, con bastante frecuencia, no se dispara un solo tiro.

El deseo de salir al monte es inquebrantable para muchos veteranos que llevan esta afición en la sangre. A los jóvenes les engancha bastante menos y, además, tienen menos medios económicos.

Solo así se entiende que en diez años se hayan perdido 25.000 licencias en Castilla y León. En el año 2000 se expedían unas 150.000 de las que mas de 35.000 pertenecían a leoneses. En 2005 habían bajado a 140.000 y en 2010 a 124.227.

Resulta difícil saber cuántas pertenecen a León, directamente 5.882, pero la mayoría se expiden en los servicios centrales de la Junta, por lo que podrían ser unas 24.000 entre escopetas y galgos. Con todo, la provincia de León sigue estando a la cabeza de la comunidad.

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