25 años magistrales. un espectador de lujo | arturo pérez reverte. escritor
«Venir a ver ajedrez a León es como entrar en la Catedral»
El novelista cartagenero regresa a León como seguidor de excepción de la edición especial de un Magistral que celebra sus bodas de plata. Por esta razón visita la ciudad y para observar todos los detalles de jugadores y afición que rodean un ambiente que vive desde su niñez.
Arturo Pérez Reverte durante un momento de la entrevista con motivo del Magistral de Ajedrez.
Arturo Pérez Reverte (Cartagena, 1951) quiere darse el gustazo de visitar de nuevo León y presenciar a vista de tablero el Torneo Magistral de Ajedrez. Presenciar los entresijos y la idiosincrasia de los grandes maestros del tablero le fascinan, porque suponen vivencias que le recuerdan enseguida lo que es y ha sido su vida desde su infancia. El tablero, las piezas, el olor del humo de las pipas, con su padre siempre presente, están en su mente. León le conduce a unos recuerdos imborrables.
—¿El torneo de León de ajedrez es tan atractivo para que vuelva por segundo año consecutivo?
—He vuelto porque es un torneo estupendo, en un momento en el que hay tantos problemas para todo. Que León siga con esta 25 edición del Magistral y que Marcelino Sión y su equipo continúen haciendo esto es algo digno de todo elogio y que me gusta. Este ambiente de León en el Magistral me obliga a venir a León.
—¿Cree que es el torneo más importante a nivel nacional y uno de los mejores del mundo de la actualidad?
—El historial del Magistral de Ajedrez de León es impresionante. Entrar en la historia de este torneo es como acceder a una iglesia, con todo el respeto. Venir a ver ajedrez a León es como entrar en la Catedral. Lo tienes todo. Es como los retratos de familia puestos en las paredes. Han pasado por León los mejores del ajedrez. Ese esfuerzo y apoyo de la ciudad de León al Magistral, según está de mal todo, es una pena que corra peligro. Creo que los leoneses deben hacer un esfuerzo para seguir manteniéndolo, porque al fin y al cabo si se echan cuentas no es un campeonato caro. No es dinero lo que cuesta el Magistral para la repercusión que tiene. Si esto se para después no se resucita. Sería privar a León de un acontecimiento que le sitúa entre las ciudades leyenda del ajedrez.
—Además, León será siempre inolvidable para Vallejo, ¿no?
—Vallejo es un hombre inteligente. Él también quiere vivir. Quiere una vida a parte del ajedrez. Si Vallejo se dedicara al cien por cien al ajedrez habría sido o podría ser campeón del mundo, pero quiere viajar, quiere leer, quiere ir al cine, quiere ir a la playa y quiere vivir.
—¿Por qué asegura que el ajedrez no es un juego ni un deporte, sino que forma parte de la cultura?
—Yo soy un mediocre ajedrecista. Soy demasiado imaginativo. Veo una partida de ajedrez y veo una jugada bonita y prefiero hacer esa acción aunque me lleve finalmente al desastre. Yo crezco junto al ajedrez. Mi padre era un jugador bastante solvente. Jugaba al ajedrez con sus amigos de toda la vida. Los recuerdos del ruido, del sonido de las piezas, el ambiente del humo de los cigarrillos y las pipas que fumaban van calando en mí conforme pasa la vida y te da una conformación del mundo, de la vida, de la madurez y de la infancia. Por eso lo asocio a la gente mayor y culta. Toda la vida tuve un respeto al ajedrez enorme. Por todo ello, para mí el ajedrez es más cultura que deporte. Para mí debería ir en los periódicos en las páginas de cultura en lugar de en las de deportes. Creo que es una filosofía de ver la vida.
—¿El ajedrez influye en la vida del que lo practica?
—El mundo es un tablero de ajedrez. El ajedrez es la manifestación física que mejor refleja lo que es la vida y la muerte. El blanco, el negro, el maniqueismo, la hipocresía, la astucia, el valor, el coraje, la derrota, la segunda oportunidad, la revancha... En suma, un montón de símbolos. Yo no estoy viendo la competición, estoy presenciando otras cosas. Miro a los jugadores como se transforman en el tablero, sus tics, sus movimientos, sus posturas, sus manías, sus odios, sus amores... Y veo también el juego ese maravilloso que no entiendo de Gran Maestro, de sus acciones fascinantes, como el que se sienta al lado de un viejo filósofo o bien entra en una iglesia.
—¿Por qué en sus novelas siempre refleja alguna alusión al ajedrez?
—La verdad es que aparecen mucho, a veces de forma directa como en ‘La Tabla de Flandes’ o en ocasiones de forma indirecta en el ‘Asedio’ por ejemplo el policía y su amigo juegan al ajedrez. Sí, en varias de mis obras aparece el ajedrez. Yo interpreto la vida, justifico situaciones o explico cosas según movimientos de ajedrez. Es normal entonces que en mis novelas aflore el ajedrez como un elemento más. En mi novela nueva, que aparecerá en otoño, una parte transcurre en el marco de un torneo de ajedrez.
—¿Volverá el próximo año?
—León me atrae por todo. Por sus gentes, por el torneo, por lo bien que se come. El Magistral ya es parte de mi vida.