PLAY OFF POR EL ASCENSO A SEGUNDA un ambiente de lujo

El Toralín pone el grito en el cielo

La afición de la Deportiva se vacía con un apoyo incondicional al equipo y exige la defensa de la minería y el mantenimiento de los empleos en Vitro Cristalglass.

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sergio c. anuncibay | ponferrada
Ponferrada

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Ponferrada puso el grito en un cielo blanquiazul para chillar al unísono «No al cierre de la minería», una queja que sonó como un estruendo minutos antes del pitido inicial. Los hijos de los mineros encerrados en el Pozo Santa Cruz saltaron al terreno de juego con una pancarta que volvía a exigir la defensa del carbón. Todo el Toralín apoyó la proclama puesto en pie y por megafonía se pidió a los futbolistas de la Deportiva una victoria para enjugar la depresión económica y olvidar, al menos durante noventa minutos, el cierre de Vitro Cristalglass y la agonía de las familias que viven de la minería.

Pero la de ayer era una tarde de fiesta para una ciudad que ha depositado en el fútbol buena parte de sus ilusiones. El Toralín sirvió, otra vez, de enlace para que la comunión entre la grada y los jugadores caminara por una línea de alta tensión.

Siete mil almas rogaron a la Virgen de la Encina mientras la afición acostaba sobre uno de los laterales todo un sentimiento: «Un sueño, una ilusión, noventa años a tu lado».

Ponferrada respondió al llamamiento del equipo y convirtió su feudo en una caldera donde se cuece a fuego lento un ascenso en el que ya cree la afición.

«Que sí, joder, que vamos a ascender» sonó cuando Yuri hizo el primero y tuvo su eco en cada uno de los otros dos goles. La tensión era palpable pero cuando más apretaba el Lucena más gritaba la grada. «Alé Deportiva alé» o el «sí se puede» repiqueteaban en cada uno de los rincones de un Toralín que jugó su partido y bailó miles de bufandas y banderas blanquiazules para recordar a sus futbolistas que no están solos.

Ellos lo saben. Y desde el banquillo reclamaron a la afición un último esfuerzo cuando el encuentro entraba en esos minutos finales que desatan taquicardias.

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Claudio levantó los brazos desde el área técnica y pidio un soplido de oxígeno a su parroquia. Fue la locura. Todo el campo coreó el «Deportiva, Deportiva» hasta que el árbitro pitó el final y se cumplió el sueño. Lo habían hecho. Ahora solo queda el último peldaño.