Diario de León

LONDRES 2012 | Historias olímpicas

El hombre que electrocutó 007

Sakata, recordado por la serie de Bond, logró una plata en 1948.

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javier bragado | madrid
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Ya puede uno haberse colgado una medalla de plata en los Juegos Olímpicos o haber sido una estrella de la lucha libre en Norteamérica. Si has tratado de matar a Sean Connery siempre serás recordado como un sicario malvado en todo el mundo. Esa es la historia de Harold Sakata, un estadounidense de antepasados japoneses que se crió doblando la espalda entre granjas de café y de azúcar y terminó sus días como uno de los personajes más reconocidos del cine

Apenas podía sospechar Sakata que encarnar el mal le reportaría las mayores ganancias cuando se unió a la Asociación Cristiana de Jóvenes Asiática (YMCA) en las islas de Hawai en las que se crió. «No era una época fácil cuando tenía que trabajar en los campos de café y traer a casa el dinero. Muchas veces quise juguetes y me pregunté por qué la vida era tan difícil», recordó después. Pero en la organización religiosa, que trataba de fomentar la fraternidad de los jóvenes a través del deporte, Harold optó por la halterofilia. Animado por sus rápidos resultados aumentó su volumen corporal y comenzó a entrenar a base de seguir las instrucciones de revistas especializadas. Pronto, junto a sus compañeros de la YMCA, destacó entre los mejores del país y decidió participar en competiciones nacionales. No obstante, su incipiente trayectoria fue interrumpida por el ataque del ejército nipón a Pearl Harbour. Sakata, descendiente de japoneses, debió alistarse en el ejército en un grupo mixto de asiáticos y americanos y permaneció aislado en las islas de Hawai trabajando en fábricas de material bélico para el ejército

Tras la II Guerra Mundial recuperó la forma y alcanzó el segundo puesto en las pruebas nacionales y la selección para los Juegos Olímpicos

En la competición de Londres su puntuación combinada sumó 380 (110+117,5+152,5) y se colgó la plata en la prueba de peso ligero. «Fue la mayor emoción de mi vida. No esperaba terminar tan alto contra los mejores del mundo», dijo Sakata al ‘Pacific Citizen’. El levantador tenía 28 años y no sabía lo que le depararía el destino

Pronto descubrió que la gloria olímpica (todavía) no pondría un plato en su mesa. Su decisión fue dejar de levantar pesas y convertirse en luchador profesional. Recorrió Estados Unidos y buena parte de Japón con peleas, volteos y empujones a la lona para ganarse el pan. Explotó su apariencia asiática para representar a personajes del otro lado del Pacífico, se vistió con atuendos nipones para saltar al ring y ‘el tanque humano’ logró cierta popularidad

Pero debía ser la ciudad de Londres la que cambiara de nuevo su vida

Para la película ‘James Bond contra Goldfinger’ se necesitaba un guardaespaldas del villano de turno. El elegido para el rol de ‘Oddjob’ creado por Ian Flemming fue Harold Sakata. El norteamericano se trasladó a los Pinewood Studios y allí aportó el primer esbirro legendario de la serie de películas del espía británico

«Dolor real» en la película Su pelea final contra Sean Connery se grabó en la retina de los espectadores. No era para menos. «Tuvieron que rodar la escena de la muerte dos veces para grabar diferentes planos. Los técnicos utilizaron fuegos artificiales para simular las chispas fuera de la reja eléctrica, pero algo salió mal. Sakata sufrió una quemadura dolorosa en su mano derecha y la muñeca. Para la segunda escena se le ofreció un guante de amianto, pero se negó a usarlo. La segunda vez las chispas saltaron a los pantalones de ‘Oddjob’», explicó años después Gene Hunter. «Eso fue un dolor real», explicó el actor.

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