«Vine de un vergel al secano y quise cambiarlo»
Repasamos fotos, y su memoria es más que prodigiosa. No las hay suyas, en el corro, pero su cabeza es prodigiosa reserva de un tiempo que recuerda otras luchas, la de su pelea por el agua, las sus seis norias, el primer pozo artesiano y el canal, contra las rémoras del paisanaje, el sueño de la cooperativa, la pena de no conseguirla, de que seamos así... Y Santa Eugenia: ahí sí: el apoyo mutuo, el auxilio en la necesidad… «Somos los de esta tierra mejores para ayudarnos cuando estamos más necesitados».
Y «La Pajarona», con Gaudencio y el Tío Leonardo al frente, el Tío Chapirú de Chucle, el perro, y Forcadel… El Antruejo en la Casina, ceniza, gallinaza y pimiento para echar a la gente, y «la Gusarapa» que hacía el Tío Valentín… Paradilla y Sobarriba de todos los tiempos.
Y junto a Gaudencio, otro centenario luchador para celebrar, Antonio Alvarado Largo, el de Remolina, raíz de ese árbol que crece fuerte hoy a pie de vía en Cistierna. Y uno para añorar, ayer despedido en Secos de Porma, «Cachín». Tanta memoria de Lucha imprescindible.