Europa excita al Ademar
La victoria ante el Partizán y la derrota del Montpellier en Hamburgo colocan a los leoneses en los octavos de final de la Champions. Ruesga y Malumbres regalan a la afición el enésimo recital.
El jugador asturiano Carlos Ruesga, máximo goleador del partido, intenta un lanzamiento ante la oposición de Marsenic y Pavlovic.
El Reale Ademar maridó ayer la calidad que desborda Carlos Ruesga con la fidelidad de un Palacio entregado para completar una mezcla con sabor a Champions. El equipo leonés cumplió con su cometido y tumbó a un Partizán de Belgrado que, pese a estar desahuciado de Europa, no vino a León de vacaciones (28-23).
Los serbios plantearon un partido intenso desde el principio, bloquearon los contraataques de los maristas e, incluso, asustaron a la grada en alguna fase del duelo. Pero los de Manolo Cadenas tiraron de espíritu para vencer al cansancio y sumar una victoria que coloca al conjunto leonés en los octavos de final de la Champions. El Ademar termina la fase previa en la cuarta plaza del grupo de la muerte, con un punto más que el Montpellier, incapaz de vencer ayer al Hamburgo en Alemania (35-33).
La clasificación para los octavos de la máxima competición continental certifica el compromiso de una plantilla que se resigna a dejar la élite del balonmano europeo. Y eso que el Partizán no puso las cosas fáciles. El equipo balcánico lo intentó a pesar de ir siempre a remolque en el marcador, con rentas que fluctuaban entre los tres y cuatro goles, incluso cinco.
Pero una pájara de los maristas en el ecuador de la segunda parte dio alas a un rival que, espoleado por los lanzamientos de Radovanovic y Marsenic, llegó a reducir la diferencia a solo dos goles cuando aún faltaban ocho minutos para el final del partido. Fue el momento más crítico del envite. Ahí surgió la garra de un Juan Castro que hasta ese momento estuvo bastante discreto. Hizo un gol y sacó la exclusión de Milosevic para devolver el marcador a su estado natural (24-21).
Pero sí un jugador destacó por encima del resto ese fue Carlos Ruesga, máximo goleador del encuentro con 10 tantos, seis en los primeros treinta minutos. El lateral asturiano volvió a vaciarse y a dejarse la piel sobre el parqué para desatascar el ataque marista, que no estuvo demasiado fluido.
Mención aparte merece también el veterano portero Iñaki Malumbres, que volvió a dar un recital de paradas en la segunda parte y, además, arengó a los jugadores más jóvenes para que no perdieran la concentración.
Goñi, Carou y Vranjes funcionaron en defensa y permitieron al equipo leonés endosar al Partizán un parcial de 3-0 de inicio. Los serbios se apoyaron en el colectivo para remontar la desventaja y empatar a cinco tantos en el minuto 10. Nantes no aparecía y el Ademar era incapaz de jugar con los extremos. Pero una doble exclusión en el Partizán empujó al equipo local para romper la igualdad en la parte final del primer periodo y enfilar el túnel de vestuarios con una ventaja de cuatro goles (14-10), el último con la firma del lateral brasileño, que enjugó su falta de puntería en ataque con un último lanzamiento de cadera imparable para Vasic.
Los segundos treinta minutos no fueron muy diferentes. Los de Manolo Cadenas jugaron —cuando apareció el cansancio— más con el corazón que con la cabeza. La plantilla es muy justa y disputar dos partidos por semana pasa factura.
Si bien, la falta de oxígeno no asfixió al conjunto marista, que superó la fase crítica del encuentro cuando los balcánicos se pusieron a dos goles. Vrazalic desde los siete metros, Carlos Ruesga, al que solo le falta jugar de pivote, y Malumbres, excelso bajo palos, evitaron la remontada serbia con la inestimable ayuda de varios escuderos de mucho lustre. Borges, Cabanas, Carrillo, Goñi, Vrazalic, Vranjes, Nantes, Piñeiro, Castro... Ninguno se arrugó. Y la grada estalló de júbilo con una ola que comenzó con otra obra de arte del asturiano. Ruesga hizo su décimo gol con la zurda. Es diestro. Puso a todo el Palacio en pie.