El ‘pajarillo’ Navas escapa del nido
El rostro de Sergio Ramos lo decía todo. Cuando vio a Jesús Navas levantar la mano a la pregunta de Xavi de quién era el siguiente tras el fallo de Bonucci, un torrente de emociones y recuerdos del pasado le vinieron de golpe a la mente. Estaba en liza la fortaleza mental de Navas y la tensión psicológica de Ramos. Los cuarenta metros que recorrió el nuevo futbolista del Manchester City hacia el punto de penalti, fueron lo más parecido a un cortometraje de dos minutos. Lo primero que hizo Ramos fue suspirar tras ver que el séptimo elegido para una tanda que estaba siendo perfecta era su ‘hermano pequeño’.
«Lo he pasado peor por él, aunque el error del italiano nos ha quitado presión a los dos», reconoció el defensa del Madrid tras el encuentro. Sin embargo, había un problema importante. Todos conocían los problemas de ansiedad del extremo de Los Palacios, toda vez que ya había vestido la elástica de España en las categorías inferiores y puso los pies en polvorosa durante la concentración del equipo sub 21 en Benidorm durante el verano de 2005. Ahí fue cuando le dio por tercera vez uno de sus famosos ataques de ansiedad.
El proceso de recuperación empezó a ver la luz al final del túnel en febrero del presente año, cuando aceptó la oferta de Txiki Beguiristain para marcharse al City. Propios y extraños se maravillaron que ahora aquel escurridizo niño que regateaba a los charcos con 10 años dejara los 40 grados a la sombra de su tierra por el frío Mánchester. Todavía faltaba una última estación para salir del agujero. Levantó la mano tras las palabras de Xavi, sintió el roce cariñoso de Piqué, recorrió su particular milla verde, miró a Buffon y lanzó por vez primera en su vida deportiva un penalti. Ni tan siquiera le dio tiempo a ver cómo entraba el balón al fondo de las mallas.