Márquez pone la directa en Brno
Marc se apunta un triunfo épico que se decide en las tres últimas vueltas en las que pone tierra de por medio con Pedrosa y Lorenzo. El leridano apuntala su liderato con su cuarto triunfo seguido en MotoGP.
Márquez, Lorenzo y Pedrosa dominaron una carrera de MotoGP que en el tramo final mostró a Marc como el piloto más consistente.
Marc Márquez y HRC lograron algo más que una victoria y 25 puntos en el Gran Premio de la República Checa de MotoGP. Y no nos referimos al segundo puesto de Dani Pedrosa, sino a dejar a Jorge Lorenzo contrariado, exhausto y, lo que es más importante, derrotado.
El líder del Mundial y el actual campeón del mundo se enfrentaron en un mano a mano apasionante, el mejor de la temporada. Pero fue desigual, y sería tan injusto no reconocerlo como no afrontar de forma frontal la nueva realidad que azota la categoría reina desde hace cuatro grandes premios: el binomio formado por Marc Márquez y HRC va convirtiéndose, paso a paso, en un monstruo inabordable, que convence al mundo de que su curso natural es el de marcar una nueva era en el motociclismo. Desigual porque Lorenzo tiene que recortar milésimas con inclinadas imposibles mientras que los pilotos Honda viven en una moto que en potencia y aceleración no encuentra rival. Jorge es la imagen rabiosa de una derrota por aniquilamiento entre máquinas japonesas.
El problema de Márquez es que no tiene con qué compararse, porque lo que sigue logrando es histórico, único, legendario. Se esperaba a un piloto con la sangre hirviendo, pero no con una cabeza tan gélida y calculadora. Lo tiene todo controlado, y es un novato. El ‘93’ vio con perplejidad una salida colosal de Lorenzo, pero tanto él como Pedrosa fueron capaces de desembarazarse de Crutchlow y Bautista, que de invitados al banquete acabaron recogiendo los bártulos y marchándose por la puerta de atrás en menos de una recta. Mientras, Jorge cogía un par de segundos por delante, y Márquez se llevaba a rueda a Pedrosa, el mismo que tanto se quejaba a principio de la temporada de ser el tutor involuntario de su compañero y que ahora tiene que conformarse con ir a su rebufo.
Marc, sin prisas
Décima a décima la desventaja fue disminuyendo, pero Marc no tenía prisa. Se puso detrás de Lorenzo y esperó su momento. Apareció una bandera blanca, la que permite a los pilotos cambiar de montura por la aparición de lluvia. Quedaban diez vueltas para el final y cundió el pánico. Solo fue una alarma, pero sirvió para activar el detonador dentro del corazón de Márquez. La batalla fue impresionante. Lorenzo aguantó con el alma las constantes embestidas del de Cervera, que no cejó en su empeño hasta que, tras varios adelantamientos mutuos, consiguió a falta de cinco vueltas un pequeño colchón respecto al ‘99’.
Ahí apareció otra bandera blanca, la de la rendición. Jorge Lorenzo no pudo con un golpe psicológico. Dani Pedrosa, que se había mantenido al margen de la épica, tiró de oportunismo para rebasar a un toro que solo buscaba ya la barrera como refugio para intentar curar sus heridas.
Fue el testigo de excepción de una batalla entre dos colosos, y el oportunista capaz de arañarle cuatro puntos más a Lorenzo y posicionarse como la alternativa al dominio de Márquez. Al menos, él también lleva una Honda para intentar combatir en igualdad de condiciones a una bestia que no para de crecer. Su nombre es Marc, el hombre que ha vencido en las cuatro últimas carreras y que ya aprende y enseña a partes iguales.