El gallo vuelve a la vía

La Ribera se hizo con su tercer gallo consecutivo, tras un corro de garra, atractivo y entrega, alcanzado por ’Caberín’ en el agotador combate con ‘Morín’, los dos últimos de ambas filas .

Abel Isaí Cabero recibe del diputado de Deportes, Emilio Orejas, el gallo que reconoce la tercera victoria consecutiva de la Ribera en el corro más clásico.

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A. Barreñada | La Robla
León

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Pabellón «José Manuel García» de La Robla, cinco de la tarde: la grada, si bien reducida, llena ya de la afición más fiel. Comenzaba el gran corro tradicional, que iban a arbitrar Gerardo González y Juan Pablo Tejerina. Azul para la Ribera, verde de la Montaña, dos equipos, dos hinchadas, una especial ilusión que sólo esta ocasión concita.

Carlos Mondelo, benjamín del primer peso, campeón ribereño, cinto en mano, lanza el «¿Hay quién luche?»; y le responde la montañesa Lucía González, la que mejor le peleó la liga de base al de Santibáñez.

Ganaba Carlos (a pesar de todos sus nervios en corro que se hacía tan excepcional). Le dio réplica Naim Fórez, por los de tierras arriba, y a éste Jorge Iglesias, benjamín de medios, que era el primero en anotar un buen resultado de victorias: tres. En la tarde, iba a haber alta competencia por el «mazapán».

A Iglesias lo batía otro Jorge, Fernández. Cinco adversarios puso sobre la lona el de las peñas, hasta que le frenaba el infantil Adrián Rodríguez, con cuatro contrarios en su cuenta.

Emoción, entrega, calidad y equilibrio con esos primeros grandes del aluche con menos años, entre los que iba a destacar Pedro Alvarado (infantil de pesados), con seis victorias, entre las que se sumaban las tres luchadoras de la Ribera. La respuesta de los de tierras bajas, la de Javier Sancho. El de Represa del Condado se imponía en su primer combate a Pedro con maña de la mejor escuela de su maestro «El Junco»; luego las tres montañesas (Tamarina, Riosol, Édili), y Álvaro Lozano. Caía Javi, se mantenía la igualdad, cuando el cinto lo tomaba Tomás González, el de La Vecilla. Impresionante, en una sola y justa palabra. Algo le movía en lo más hondo a Tomás y lo puso en sus manos logrando imponerse a ocho rivales. La grada en pie, el mazapán casi seguro... Parecía.

Tras él, otro de los pujantes valores ya suficientemente contrastados: Rubén Fierro. El de Valdorria fue capaz de eliminara Javier Oblanca, a Víctor Presa y a Cristian Fernández con una mediana adelante de lo más guapo. Como lo sería la cadrilada con la que a «Rubo» lo dejaba fuera de luche Víctor Manuel Morala; a él y... ¡a nueve más!

De los juveniles montañeses decía uno de sus mejores aficionados: «¡Vaya mastines tenemos!». De lo que haría Víctor Manuel se podía sacar la conclusión que señalaba el médico de la lucha, Vicente Martín: «es de los luchadores hechos para el Montaña-Ribera. Se crece, se gusta, se multiplica».

Puso en pie a la grada de Ribera Morala y, cuando concluía su hazaña, Morín cruzaba al lado del banco opuesto para estrechar su mano y decirle que merecía la mayor enhorabuena. Sobradamente merecida.

Entre los diez luchadores de esos a los que se impuso el de Villaverde de Sandoval estaban el señalado Fierro, el potente juvenil Joel Jiménez, los cuatro séniores de ligeros (Raúl García, David Acevedo, Diego Vega y Víctor Llamazares) y los cuatro de medios: Rodrigo Fernández (el de Caldevilla de Valdeón), Héctor García, el Divino de Campohermoso, Alberto Marquiegui y Alberto Novoa.

El primer montañés de semipesados pudo ya pararle.

Fue Guillermo González el que pudo parar al, más que maquinista, auténtica máquina de Sandoval. En la grada allá a la entrada estaban los abuelos de «Guille», y el corro era tan especial. A intento de saque de un ya agotado Morala respondió efectivo. A continuación, se libraba de intento de sobaquillo que le lanzaba «Gasi». La grada estaba con él. No pareció recabar en la entrega de uno de los discretos con calidad, Héctor Redondo, que le cortaba marcha con una gochona espectacular.

Con los semipesados se mantenía el equilibrio de fuerzas: Roberto Gutiérrez, tiraba a Héctor; al de Prioro, Alejandro Fernández (otro de los callados buenos); a éste, Rodrigo Fuentes; a Rodri, Liquete, y al de El Ferral, Roberto Rodríguez, a quien le ganaba «Sansón» Cabero. Jesús María eliminaba al primero de pesados, Alvaro Sánchez, y caía ante Avelino García.

En el corro estaba el segundo de pesados de vía arriba, habían salido cuatro de semipesados del bando de abajo, y entre ellos no había estado Clemente. Berto, selecionador Montañés preguntaba momentos antes, intuyendo algo así: «¿EL Junco en pesados?. Allí mismo estaría.

«Avelinín» sumaba victorias ante Jesús Quiñones y Pedro José Acosta. Se dolía de un pie y necesitó asistencia y descanso; pero, cuando se agarró al deTendal, pareció más fresco que en el primer combate.

Cayó Clemente ante el de La Valcueva. Sólo quedaba por la Ribera Abel Isaí Cabero, con Avelino y dos compañeros más en la Montaña.

Combate largo (más del cuarto de hora) que ganaba «Caberín», y, de forma inmediata el siguiente al «Oso» Edu.

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Después, fue la hora y media de fondo, de resistencia, de... con Morín. Ninguno quería perder. Ganó Abel. Extenuado alzaba el gallo. La afición aguantó, pero pedía remedio al excesivo peso de la tradición.