El Atlético viste la Liga de rojiblanco

Los de Simeone se sobreponen a las lesiones de Costa y Turan y firman un empate ante el Barça que les corona como campeones.

Jugadores y cuerpo técnico rojiblanco celebran en el césped del Camp Nou su título de Liga tras un encuentro en el que se lesionó Costa y el Barça ofreció poco peligro.

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IGNACIO TYLKO | BARCELONA
León

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Colosal Atlético, que se coronó campeón del torneo de la regularidad por décima vez en su historia tras un sobresaliente ejercicio en el Camp Nou (1-1) que mostró fielmente todas sus virtudes: afán de superación, fortaleza mental, físico descomunal, dominio de la estrategia y capacidad de Simeone para ir alternando los planteamientos según le convenía.

Acabó el campeón atrincherado en su área, lógico porque el Barça se dejó hasta la última gota de sudor en el día que podía salvar su temporada más aciaga de los últimos tiempos, pero antes se repuso a todas las adversidades. Si en seis partidos el Barça no ha sido capaz de ganarle este curso al Atlético es porque el Cholo y el Mono Burgos le tienen perfectamente estudiado. Habían expresado por activa y por pasiva los catalanes su deseo de adelantarse en el marcador para vivir más tranquilos y hallar más espacios ante un adversario contragolpeador, pero ni viendo cumplidos sus sueños de la previa lo consiguieron.

Alexis encarriló el vigesimotercer título para los azulgrana con una volea excelsa cuando el Atlético controlaba la situación, pero estos colchoneros son inasequibles al desaliento y jamás se rinden porque son gladiadores. Ni ese golazo de Alexis, ni las lesiones tempranas de Diego Costa y de Arda, ni los sollozos de ambos, ni el tiro de Villa al poste les arrugaron. Achucharon en un arranque de la segunda parte sensacional y Godín les dio el empate que vale una Liga. Una jugada que desnudó las carencias del Barça a balón parado. Intentaron reengancharse los de Martino a una Liga que dieron por finiquitada hace tres semanas, pero no pudieron. Ni el juego, ni el físico les llegó para poder con este Atlético que ahora sueña con su primera Copa de Europa. El final fue digno de una Liga magnífica, la más emocionante tras diez años de duopolio de los grandes. El Camp Nou se rindió a los méritos del campeón y acabó coreándole con gritos de «¡Atleti, Atleti!».

En el día de su despedida, en un duelo a vida o muerte en el que no cabía especular ni pensar más en cómo cerrarle los espacios al Atlético que en la fórmula para desencorsetarle, Martino adoptó una decisión peliaguda. Dejar a Xavi en el banquillo de una final así dejará secuelas porque se trata de un líder, de un símbolo culé. Fue un jugador decisivo en el Barça extraterrestre del que habló su técnico en la previa, pero su declive ha coincidido con la respuesta terrenal de un equipo que pierde referentes.

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Jugó de inicio Diego Costa, a pesar de que el bíceps femoral es muy traicionero y una recaída le eliminaría de la final de Champions del sábado próximo y quién sabe si del Mundial. Y, como en los cinco duelos anteriores, volvió a contar con Villa ante sus ex por una cuestión mental. Fue valiente salir con dos puntas definidos pese a que servía el empate, pero el riesgo con el hispano-brasileño fue tal que se rompió en menos de un cuarto de hora. Si la marcha de su ariete, de ese jugador que puede resquebrajar cualquier zaga rival, ya supuso un mazazo para los atléticos, la lesión de Arda fue como un directo al mentón. El turco recibió un golpe de Cesc en la zona de la cadera y también tuvo que abandonar el campo entre sollozos. A pesar de todos los pesares, el Atlético seguía mostrándose como un equipo más adulto que un Barça nervioso, impreciso e incapaz de inquietar a Courtois. Y así el Atlético de Madrid consiguió su objetivo.