MUNDIAl DE BRASIL
La sonrisa de la ‘Manschaft’
Brasil puede suponer la coronación de Alemania a más de una década de gran trabajo y formación de jóvenes talentos. «Simplemente queremos ser campeones del mundo», sentencia Lahm.
Mario Goetze y Toni Kroos, durante el entrenamiento de la selección alemana.
Todo es alegría, orden y organización en la ‘Mannschaft’. Previsores y meticulosos, antes de desplazarse hoy a Río de Janeiro, los alemanes velaron armas para la final en un lugar paradisíaco, el exclusivo Campo Bahía que mandó construir su federación en la localidad de Santo André, a 30 kilómetros de un aeropuerto. Hotel de cinco estrellas, privacidad y lujo junto al mar. 14 casas de dos plantas, restaurante, piscina, instalaciones deportivas y un campo de fútbol a sólo un kilómetro. Los germanos despreciaron la oferta hotelera de la Fifa y de la organización y se montaron su cuartel general. ¡Será por dinero! A dos días de la final, nada altera sus planes. Pueden parecer soberbios y arrogantes y volvérseles todo en contra si Argentina les desbarata su plan, pero ya tienen diseñados los festejos en caso de ganar.
Antes del rutinario entrenamiento, comparecencia ante los periodistas de Thomas Müller y Philipp Lahm, dos pesos pesados del Bayern de Múnich, la base sobre la que se sustenta la selección.
Hablaron, amables y sonrientes, a las nueve de la mañana, antes de comenzar el entrenamiento y a una hora impensable en otros países como en España.
Uno es el Bota de Oro en Sudáfrica, que puede repetir en Brasil porque suma también cinco goles, a uno del colombiano Jamés Rodríguez, y otro es el capitán, el polivalente futbolista que ha crecido con Guardiola y cumple como lateral, donde siempre fue de los mejores, o de medio.
«Vamos a dar todo lo que tenemos para este éxito. Vamos a sacar todo el fútbol y la lucha que tenemos en la mochila», enfatizó Müller mientras cogía el vaso y daba sorbitos de agua entre pregunta y pregunta. Estaba más serio que Lahm, que miraba de lado a lado, giraba la cabeza y lanzaba sonrisas a los periodistas. «Somos optimistas. No queremos perder más semifinales sino traer el título mundial otra vez a Alemania. La experiencia de esos partidos puede ser una ventaja y, simplemente, queremos ser campeones del mundo». «Todos están sanos. Ya que hemos llegado tan lejos, no queremos dejarlo escapar», apostilló, Oliver Bierhoff, el mánager de la selección, con la misma contundencia con la que veía puerta como goleador.
Los fracasos del Mundial de Francia 1998 y de la Eurocopa 2000 llevaron al fútbol alemán a iniciar una transformación, a base de voluntad política y de una renovación táctica, que llevó a la ‘Mannschaft’ a la lucha por el podio de todos los torneos desde 2006. Una regularidad única al más alto nivel del grupo dirigido por Joachim Löw.
Tras perder 3-0 contra Croacia en cuartos de final del Mundial galo, la Federación Alemana (DFB), después de haber observado los sistemas instaurados por Francia y Holanda, apoyó económicamente ligas de distritos para «intensificar la formación» de los jóvenes de 11 a 17 años. Este nuevo planteamiento está recogido en un documento denominado ‘Programa de formación de talentos’.
A la pesadilla de la Eurocopa 2000 le siguió la gran actuación en el Mundial 2002, derrota en la final ante Brasil. Pero el torneo continental de 2004 reservaba una nueva decepción, con otra eliminación en primera ronda que obliga al seleccionador Rudi Völler a dimitir
Tras la Copa del Mundo, Löw pasó a ocupar el puesto de seleccionador. Y prolongó la alegría en la Eurocopa de 2008 y el Mundial de Sudáfrica, a pesar de que España les alejó del título en ambas ocasiones.