MUNDIAl DE BRASIL

Alemania conquista el mundo

Götze marca el gol de su vida y tumba a una gran Argentina cuando agonizaba la prórroga. Cuarto título universal para la ‘Mannschaft’, primera selección europea que gana un Mundial en América.

Los futbolistas de la selección alemana celebran en Maracaná su cuarto Mundial tras ganar a Argentina en la prórroga.

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ignacio tylko | río de janeiro
León

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Mario Götze estaba desaparecido durante el Mundial pero el astuto Joachim Löw recurrió a él cuando Miroslav Klose estaba tieso y el partido precisaba más toque que músculo. Y en el minuto 113, el pequeño pero talentoso jugador del Bayern marcó el gol de su vida (1-0), el que corona a Alemania por cuarta vez en su historia y le iguala en el palmarés a Italia.

Y el que convierte a los teutones en los primeros europeos que conquistan suelo sudamericano. Messi hizo cuanto pudo pero el físico no le da para más. Su estrella se apaga y sigue sin alcanzar a Maradona, el dios de un país que se quedó en puertas y llora una derrota que pudo ser gloria si Higuaín y Palacio no hubieran errado ocasiones clamorosas. Final muy táctica pero excelente en la que venció el más valiente y fresco físicamente porque los sudamericanos venían de una prórroga más y un día menos de descanso.

Del ‘Iniestazo’ del Soccer City a la genialidad de Götze en Maracaná, con la bendición del Cristo Redentor del Corcovado al fondo y decenas de miles de argentinos llorando en Copacabana y el sambódromo.

Löw es consecuente y no cambia de idea al albur de las circunstancias que marcan un partido, y más una final. Se vio en la necesidad de recomponer el puzzle y siempre trató de transmitir señales de valentía. Khedira aparecía en la alineación oficial pero sufrió una dolencia de última hora. Le sustituyó por Kramer, un inexperto centrocampista del Borussia Mönchengladbach que sólo había disfrutado de 12 minutos en este Mundial.

Pero prefirió a un jugador de buena técnica que a un tronco. Al cuarto de hora, Kramer se dio de bruces contra el hombro de Garay. Jugó un tiempo groggy hasta que cayó al suelo y tuvo que salir del campo. Entró Schürrle, que se situó de extremo izquierdo porque Klose era intocable. Özil pasó a jugar de enganche y Kroos se retrasó junto a Schweinsteiger. Un movimiento de entrenador que busca el triunfo a partir de sus méritos, no sólo de los errores del rival. Y no es casual que en cada ataque germano, al menos tres futbolistas pisen el área.

Entre tanta adversidad, Alemania llevó el dominio pero Argentina, al final sin el lesionado Di María, controló el partido. Y no es un contrasentido. Con otro estilo, más conservador porque ni el físico ni los jugadores son iguales, Sabella ideó un plan para contener y romper la línea de presión mediante balones largos a la espalda de una zaga germana muy adelantada a la que, no lo olvidemos, desnudó Argelia en un duelo de octavos resuelto en la prórroga y con una actuación magistral del portero Neuer como defensa libre.

Sabella sabía que la defensa rival es lenta, salvo Lahm en el lateral derecho, y por eso ordenó buscar el perfil de Höwedes, lateral zurdo de 1,87 de estatura que sufre si le encaran, y más tras verse amenazado por una amarilla. Messi trató de encararle con esos cambios de ritmo que no son los de antes pero aún resultan dañinos. Había dicho que era el partido de su vida y salió el astro rosarino dispuesto a desafiar su físico endeble y a morir por la causa. Si no participa más es porque no puede, no porque no quiera. No hay debate posible.

En esa enorme batalla táctica, los detalles tendrían una incidencia enorme. Higuaín acentúo esa leyenda que le acompaña de ariete errático en duelos clave. En realidad, se trata de un delantero rápido, peleón y generador de un sinfín de ocasiones, pero impreciso en la definición.

Le llegó un regalo de cabeza Kroos, impropio de un jugador de esta jerarquía, y dispuso de todo el tiempo del mundo para pensar porque estaba solo frente a Neuer. La golpeó picuda de primeras.

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De forma paulatina fue decayendo el ritmo de los sudamericanos. Pero esas carencias las suplían con orden y colocación. Y cuando el balón le caía a Messi, continuaba la sensación de peligro. Ya al borde de la prórroga, Löw cambió le pegada de Klose, muerto de tanto batallar y despedido por el público puesto en pie, por el desequilibrio de Götze. En el tiempo extra aceleró la ‘Mannschaft’. Arriesgó, a costa de que Messi, el Kun o Palacio pudieran matarle en alguna contra aislada. Y apareció Götze para poner el mundo a sus pies.