ESCOPETAS AL HOMBRO

Licencia para disparar

La temporada de caza arranca con buen pie. Numerosas capturas de liebres en la primera jornada cinegética en los cotos de la provincia.

Una cuadrilla de cazadores que salió ayer al campo posa con las numerosas liebres abatidas.

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p. vizcay | León
León

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Día soleado, sin apenas viento, y con el campo en magníficas condiciones para caminar, si además arrancan con fuerza las perdices, es todo lo que un cazador puede soñar, y así se ha presentado la mañana del domingo 26, jornada de apertura. En Castilla y León se expiden algo mas de cien mil licencias, de las cuales la cuarta parte más o menos corresponden a León. La crisis económica y la falta de relevo generacional han supuesto un significativo descenso en el número de permisos para un deporte que ya de por si resulta caro. Además de la licencia para practicar la caza es preciso el permiso de armas, el seguro de responsabilidad civil y disponer de un acotado al menos. Si a esto le sumamos el gasto en armas, cartuchería y otros complementos, junto con uno o varios perros, ciertamente que el cazar requiere un importante gasto.

Pero para muchos cazadores el salir al campo o al monte, en compañía de su perro, es una tradición a la que resulta muy difícil renunciar. Y es por ello que las cuadrillas de cazadores se han vuelto a reunir, un año más, para organizar sus manos y cazar «a rabo» a la codiciada perdiz o a la veloz «rabona». Y parece, en esta primera impresión, y a tenor de los resultados, que nos encontramos ante una temporada prometedora. Se han visto muchas perdices, algunos afirman que como hace 20 años. Es posible que exageren tras varias campañas de miseria, pero lo cierto es que han criado bien y han sufrido pocas bajas. Ahora lo importante es que se conserven. La mayoría de acotados establecen un cupo de dos o tres patirrojas. Son mas que suficientes. Perseguir la perdiz requiere buenas piernas, abatirla buena puntería. Es una caza tan bonita que, si existieran perdigones adormecedores, serían muchos los cazadores que cazarían sin muerte. Pero nunca falta el carnicero de turno que, en días de calor como ayer, cuando tras dos o tres vuelos la perdiz arranca «a postura», habrán aprovechado la ocasión. Y ya se sabe, pan para hoy, hambre para mañana. Y también las liebres y los conejos de monte, para los «veteranos» que ya no pueden subir las cuestas sin pedir el botijo, han dado su juego. Vuelve a haber liebres y también conejos. Son las primeras impresiones de una jornada en la que la satisfacción ha vuelto, por fin, a los sufridos y siempre resignados cazadores. Esperemos que dure.

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