SEGUNDA DIVISIÓN B
Propósito de enmienda
La plantilla de la Cutural habla en el primer entrenamiento de la semana de la penosa imagen ofrecida ante el colista y apela al trabajo para mejorar frente al Lealtad .

El técnico Javier Cabello se dirige a sus jugadores.
El día después de la dolorosa derrota de la Cultural frente al colista del grupo primero de la Segunda División B, el Marino de Luanco, trajo caras largas al entrenamiento matinal. La mayor parte de los jugadores del plantel blanco acataron las críticas tras un encuentro en el que los componentes del cuadro leonés no estuvieron a la altura de un partido en el que volvieron a evidenciar que no son un grupo fiable en cuanto a mantener una regularidad sobre el terreno de juego, porque falta intensidad, concentración y espíritu de equipo durante muchos minutos de juego.
El bloque leonés cuenta con un entrenador dialogante, Javier Cabello, quien, a su vez comienza a cansarse de determinadas actuaciones por libre de algunos hombres que deberían de ser claves en los esquemas del equipo, pero que no lo son. Conforme pasan los partidos, el técnico saca sus propias conclusiones. Pese a su carácter suave, cada vez conoce mejor a una plantilla en la que alguno de sus miembros no está a la altura desde hace tiempo. Y no le temblará el pulso cuando tenga que dar el volantazo que precisa un equipo falto de intensidad y de argumentos para imponerse a rivales muy inferiores en cuanto a potencial y medios para desarrollar su trabajo diario. La Cultural es un club profesional. Que nadie lo olvide. El Marino, no. Es un equipo de pueblo, muy hermoso y con gente extraordinaria en el campo y fuera de él, que dejó en evidencia a toda una Cultural, que en un partido como el del domingo sólo le queda el nombre de club grande que fue allá por la década de los 50 ó 70. Pero desde aquella época a la actual ha llovido mucho. Más que el domingo en Miramar. Y los que tienen que sudar la camiseta se dedican a quejarse de un terreno de juego que está en las mismas condiciones para los dos equipos, pero la Cultural es diferente. Y más desde que el vestuario lo gobiernan quienes lo gobiernan.
Las caras largas de ayer en el Área Deportiva de Puente Castro algunos ya las conocen de otras épocas, pero es más de lo mismo. Dame pan y llámame perro. Ya llegarán los días, que ya han llegado, en los que la plantilla no cobre, y claro que los futbolistas tienen que percibir sus salarios, pero también están obligados a ser tan fiables como la fiabilidad que ellos exigen al club. Y no lo son. Ya son muchas las pifias que van a dejar a la Cultural sin crecer los centímetros que precisa para hacerse mayor de categoría. Lo de Luanco fue un ridículo mayúsculo. Un rival, el Marino, que no había ganado nada y sólo había marcado un gol en casa, hizo trizas a un grupo de jugadores que no supo contener al peor equipo del grupo.