De mal en peor
Sin afanes polémicos
Mal partido, mal resultado, malestar en los aficionados que lo demostraron, ostensiblemente, al final del partido. Un partido tedioso y aburrido que finalizó en tablas (2-2) y que mereció la reprobación final de los aficionados despidiendo, con una sonora pitada, a los jugadores.
Empate y gracias; porque el gol de la igualada fue conseguido por la Cultural cuando el partido se acercaba a su fin. Un nuevo paso negativo y una actuación muy mala. Apenas si se salva del naufragio el delantero centro culturalista; siempre en la lucha, siempre buscando el gol, moviéndose con sentido para encontrar el lugar y la ocasión propicia para el remate. Olfato de goleador que, una vez más, salvó los muebles al equipo junto a Peláez.
Derrota con el colista máximo por tres goles a cero; empate frente al semicolista, en minutos en los que el partido agonizaba, el barco navegaba a la deriva y la derrota se palpaba en el ambiente. Una vez más los artistas Aketxe y Peláez salvaron los muebles al equipo marcando los dos goles.
Un empate con sabor a derrota; así lo interpretó la afición con sus silbidos de reprobación al final del encuentro. Desagradable música de viento que debe sonar como toque de clarín, en los oídos de los que pueden y deben buscar soluciones a la peligrosa deriva que ha tomado la nave culturalista.
Derrota con el colista por goleada (3-0), empate con el semicolista (2-2) en el Reino de León. La afición molesta, como lo mostró y demostró con la aguda, sonora música de viento con que despidió al equipo. Toque de clarín para que quien puede y debe ponga los remedios que quiten los males que aquejan al equipo. El barco precisa un calafateo urgente para que no naufrague. Es tiempo de buscar la causa de los males y de tratar, al menos, de poner el remedio para curarlos.
Reale Ademar, a pesar de ganar al Oporto (28-25) puso el sábado, en el Palacio, el punto final a su participación en la EHF. Luchó con coraje, poniéndolo todo sobre la cancha del Palacio de Deportes. Había que remontar cinco goles y sólo consiguió vencer por tres (28-25). Adiós a la EHF, pero mereciendo una cerrada ovación de los aficionados que premiaban el esfuerzo.