Diario de León

Eclosiona la mosca de la piedra Los leoneses Rubén Santos y Juan Carlos Castro ganan el máster de La Vera

Este pérlido de gran tamaño ha comenzado a caer en el Esla y el Porma, no sin cierto retraso. Sus huevas son un alimento muy preciado para las truchas.

Mosca de la piedra natural, a la izquierda, y otra de imitación realizada con pelo de ciervo.

Mosca de la piedra natural, a la izquierda, y otra de imitación realizada con pelo de ciervo.

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p. v. | leónpedro vizcay | león
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Rubén Santos y Juan Carlos Castro se han proclamado campeones del máster (por parejas) de La Vera, competición tiene lugar en la comarca cacereña, aprovechando los ríos, conocidos aquí como gargantas, que descienden de La Sierra. Son ríos de aguas transparentes y escaso caudal, muy difíciles de pescar, pero enmarcados en un medio natural de extraordinaria belleza.

La primavera en estas comarcas cacereñas de La Vera y el Jerte comienza con la explosión de la flor del cerezo que atrae a miles de turistas y se prolonga con un extraordinario colorido hasta que llegan los calores estivales y el estiaje de los cursos fluviales. Dar a conocer toda esta belleza natural junto con la gastronomía y la amabilidad de las gentes, es la principal razón por la que el Ayuntamiento de Jarandilla de la Vera organiza este prestigioso concurso.

Ni que decir tiene que los leoneses, en estos ríos difíciles, se desenvuelven como pez en el agua. La pareja formada por Rubén Santos Becerra y Juan Carlos Castro «El bola», fue la mejor de las 18 que compitieron en esta ocasión. Por cierto, Rubén ya ganó el pasado año compitiendo con otro compañero. En segunda posición se clasificó la pareja local que, a pesar de conocer perfectamente los cotos de Jaradilla I y II y Alardos I y II, no pudieron con la experiencia y el buen hacer de los leoneses.

Con cierto retraso con respecto a temporadas anteriores, durante esta semana, tanto en el río Esla como en el Porma en sus cursos medios y bajos, ha comenzado a caer, con menor abundancia que en otras ocasiones, la mosca de la piedra, también conocida como mosca de mayo.

Este pérlido de gran tamaño eclosiona a partir de su ninfa, el rancajo o gusarapa, que tiene su nicho habitual debajo de los cantos rodados de las corrientes, especialmente en los ríos de naturaleza caliza. Cuando alcanza su madurez sale al exterior abandonando su caparazón sobre las piedras semi-sumergidas y convirtiéndose en una voluminosa mosca que volará hacia las ramas, juncos y hierbas de la orilla del cauce. Allí será fecundada por el macho, mucho más pequeño y sin alas. Una vez fecundada, y con la enorme carga de huevas pegadas al final de su abdomen, volará de nuevo para caer pesadamente sobre la lámina del agua y depositarlos allí. En ocasiones derivará nadando o será arrastrada al lado de las salgueras, momento que aprovecharán las grandes truchas para tomar este abundante y sabroso bocado.

En esta temporada las fuertes riadas de primavera han podido influir negativamente pero a estas alturas ya cae en los tramos bajos del Órbigo y lleva días cayendo en el Esla y Porma. En estos ríos apenas la comen todavía, si bien en el Esla tan solo acostumbran a tomarla en algunas zonas. En pocas semanas comenzará a salir en el Luna-Órbigo y en el Omaña.

Sin apenas nieve en la montaña, los ríos han reducido notablemente su caudal. Hasta que se inicie de forma plena la temporada de riego, también los regulados discurren bajos, y eso que los embalses se encuentran prácticamente al máximo de su capacidad. Pese a ello no se está pescando bien ni a mosca seca ni a mosca ahogada. Las truchas apenas comen en superficie y la pesca con ninfas bastante plomeadas es la que mejor resultado está dando, pues las truchas siguen pegadas al fondo y les cuesta mucho «ponerse» cerca de la lámina del agua. Volviendo a la mosca de la piedra (pérlido) las imitaciones suelen realizarse con pelo de ciervo, que tiene buena flotación.

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