Diario de León
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Opinión

El deporte llamado fútbol es seguido por multitud de personas, da lo mismo la edad, desde los más pequeños hasta los más mayores, porque siempre hay alguien en algún lugar del planeta, a cualquier hora del día, que esté practicando con un balón. Atrae a masas, y es capaz de paralizar un país y movilizar a millones de personas, que se olvidan de los problemas y necesidades cotidianas para esbozar un deseo y una esperanza, que al final puede convertirse en sonrisas, o en sentido contrario, en unas cuantas lágrimas. Para ello se necesita un sentimiento, y este deporte es capaz de darlo y hacer cambiar lo que antes parecía imposible.

Todos los estamentos federativos, desde los más cercanos,los locales hasta las altas esferas, que son quienes dirigen realmente el «cotarro», deben analizar toda las situaciones y actuaciones que se producen y mueven al fútbol, empezando un camino consensuado, que permita cierta evolución y que se adapte a los tiempos que estamos viviendo. Ser el deporte rey, de más practicantes a nivel mundial, no significa negarse a crecer y a experimentar cambios que vayan con el pensamiento y el desarrollo de la sociedad, ni tener una patente de supervivencia. Estamos en un mundo donde las comunicaciones son muy importantes, las redes sociales llegan en un abrir y cerrar de ojos a cualquier parte del planeta, y son vitales para el discurrir de la vida.

La evolución no está reñida con el cumplimiento de las reglas, ni con la historia, más bien sirve de complemento para ser cada día un poco más perfecto, donde los errores sean cada vez menores y la innovación de un paso más a ese crecimiento, que se adecue al correr de los tiempos. Proyectos, propuestas y estudios los hay, ahora queda tener voluntad para recogerlos y tomar decisiones que sean referentes de esa evolución que fortifique las estructuras de este deporte.

Las cantidades astronómicas que el fútbol mueve, deben tener vías de desarrollo y no de estancamiento, porque uno más uno no son dos, ni en el campo, ni en los despachos. Los cambios deben llegar desde la cabeza, porque las poltronas deben de tener fecha de caducidad y dar nuevos aires que produzcan el avance con la sociedad.

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