UNIDAS POR UNA PASIÓN
Veteranas, con la ilusión de una niña
La ex jugadora y entrenadora Camino Gallardo impulsa un equipo de balonmano formado por medio centenar de mujeres que han recuperado su pasión por este deporte

Jugadoras del equipo de veteranas, antes de iniciar el entrenamiento del martes en el pabellón del Hispánico
Cuando Miguel Ángel Fernández, El Indio, le preguntó a Camino Gallardo si sería capaz de sacar adelante un equipo de veteranas del balonmano leonés, la ex jugadora, ahora entrenadora, no creyó que fuera posible. Todas sus compañeras habían dejado este deporte hacía demasiado tiempo —33 años en su caso— y la mayoría tampoco practicaba ninguna actividad física de manera frecuente.
Pero aún así le «picaba el gusanillo». No iba a dejar escapar la oportunidad de recuperar una pasión que ocupó buena parte de su vida. Al menos lo intentaría. Habló con Laura y Raquel Rodríguez, «tomando un café», y llamaron a Soraya García, la ex del Cleba, que por aquel entonces estaba en Francia para probar en el Cergy-Pontoise. Fue su última experiencia como profesional.
«Nos dijo que se venía en mayo y a partir de ahí lo comenté a través de un grupo de whatsapp que tenemos hace quince años para vernos en Navidad», recuerda Camino Gallardo, «sorprendida» por cómo ha evolucionado, desde aquel entonces, lo que parecía una idea difícil de llevar a la práctica.
Seis meses después de aquella conversación con El Indio, son ya medio centenar de jugadoras las que forman el equipo EHF Veteranas León, donde cohabitan las mujeres que prendieron hace alguna década la llama del balonmano femenino, que ahora alumbra al Carobels ULE Cleba, pero cuya mecha se encendió en el Atlético León, Deleba, OJE, Cultural Leonesa Femenina o Universidad de León.
«La más joven tiene 32 años y la mayor 55», explica Camino, impulsora de un proyecto que avanza con paso firme hacia su consolidación, «a pesar de que no es fácil conciliar el trabajo con los entrenamientos», asume.
De momento, se reúnen una vez a la semana, los martes en el Hispánico, donde trabajan de diez a once de la noche. «Normalmente somos más de veinte en los entrenamientos», revela Gallardo, quien asegura que esta experiencia les «ha devuelto la ilusión» por el balonmano.
Como deportistas son competitivas, aunque ése no es el objetivo. Ganar o perder, en este caso, «es lo de menos». Para muchas el equipo de veteranas supone una válvula de escape, una cama elástica donde amortiguar el estrés diario, pero sobre todo un pequeño rincón donde ha surgido, otra vez, la amistad. «Todas tenemos muchísima ilusión y hemos vuelto a recordar lo bien que nos lo pasábamos cuando jugábamos al balonmano. A alguna de las chicas hacía treinta años que no la veía», señala Camino Gallardo, a la que, como al resto de sus compañeras, esta experiencia le «ha rejuvenecido».
«Una se siente muchísimo mejor. Y no es sólo por los partidos, también por lo que viene después. Hacemos una fiesta, una cena y recordamos muy buenos momentos», justifica. De hecho, «viene gente de Madrid o de Asturias». Tanta, que en el último encuentro que jugaron durante el Torneo de Valladolid, en la que fue su puesta de largo, había 28 jugadoras en el banquillo. «Si esto sigue así tendremos que plantearnos hacer dos equipos», explica Camino. Cuando son tantas «es difícil repartir los minutos». Ahora están preparando un campeonato que disputarán en Ferrol en el mes de noviembre. Acompañarán a los veteranos, con mucho más recorrido, que compiten en un circuito que cada mes cambia de sede. Ellos vieron como en algunas provincias aparecían también conjuntos formados por mujeres y así fue como surgió la idea. «Nos ayudan muchísimo y ya nos han dicho que cuentan con nosotras», agradece.
A ese grupo se ha unido recientemente Jorge García Vega, capitán del Abanca Ademar la temporada anterior, que decidió dejarlo el verano pasado a pesar de que tenía una oferta en firme del club leonés. También está Denis Krivochlykov, el sempiterno extremo del conjunto marista. O José Carlos Cabero, ahora vicepresidente del Ademar y responsable de la parcela deportiva. Este equipo arrancó hace tiempo. Organiza cada año el Torneo de San Froilán, que en su edición anterior contó por primera vez con el conjunto formado por la veteranas.
Allí estaban Camino, Guti, Ana Isabel, Soraya... Compartieron cartel con otros clubes del noroeste del país. Quedaron terceras.
«Cada vez hay más equipos de mujeres, sobre todo en el sur de España. Tenemos que aprovechar el rebufo de los chicos», considera Camino Gallardo, otrora militante del Atlético León. Le ha llamado hace poco el Benfica para que las veteranas participen en un torneo de Portugal.

Todo se lo costean ellas, aunque también les ayudan pequeños patrocinadores. O el Ayuntamiento, que les facilitó unas camisetas. Cada una de las jugadoras paga un euro si acude a los entrenamientos y con lo que recaudan afrontan el alquiler de las canchas. Quieren entrenar una hora más, pero «no hay pistas», lamenta Camino Gallardo, convencida de que ésta es la mejor opción para quien deja la práctica profesional del balonmano. También para todas aquellas mujeres que quieran hacer deporte. Puede entrar cualquiera. «No hay ningún tipo de requisito, sólo tener ilusión y que te guste el balonmano», matiza.
Hay incluso «cinco niñas» que se quedaron sin equipo cuando hubo una escisión en el Cleba de la que surgió el Atlético Balonmano León. Aunque no puedan disputar los partidos, entrenan con ellas y comparten los buenos momentos que emanan del parqué. Tienen, además, un grupo de ‘aficionadas’ —donde están las más veteranas— que las animan y vitorean en cada uno de los compromisos.
Todo gira alrededor de una pasión. Del balonmano. De algo que no da para vivir cuando eres mujer y te dedicas a ello de forma profesional. Viajes, entrenamientos, fines de semana... Y así quieren seguir. No hay nada que lo frene. «Nos mueve la ilusión», subraya.

