Abundancia de perdices en apertura de la temporada
La perdiz que arranca con vuelo bajo es más difícil de abatir pero en general hay satisfacción entre los aficionados.
Las poblaciones de perdices parecen ser muy abundantes esta temporada. DL
P. vizcay | león
La jornada de apertura de la caza menor estuvo marcada por la meteorología. Muchas nubes, algo de viento, y con la lluvia amenazando de continuo o escapándose por momentos, pero con temperaturas suaves. El campo está en magníficas condiciones para caminar pues las lluvias apenas han calado en la tierra reseca. Pero lo que es mas importante: parece que hay abundancia de perdices. Así se ha presentado la mañana del domingo 23, jornada de apertura. En la caza de la perdiz «a rabo» los días nublados presentan un serio problema y es que tras el primer o segundo levante las «patirrojas» desaparecen como que la tierra se las hubiese tragado.
En el monte es todavía peor, pues la ropa se empapa y la vista se nubla. Se han visto bastantes perdices, pero los resultados no han sido espectaculares. El campo conserva mucha vegetación aunque reseca, y las viñas todas sus hojas. La perdiz que arranca con vuelo bajo es más difícil de abatir y eso se ha notado. Pero en general hay satisfacción entre los aficionados. Ya vendrán días soleados en que perseguir a la reina de la estepa por los terrones de los barbechos, los rastrojos, sembrados y perdidos de esa Tierra de Campos, dura y rojiza en sus cárcavas y oteros, pegajosa en los valles y donde nuestra reina se mimetiza a la perfección.
En este primer día, y haga el tiempo que haga, para muchos cazadores el salir al campo o al monte, en compañía de su perro, es una tradición a la que resulta muy difícil renunciar. Y es por ello que las cuadrillas de cazadores se han vuelto a reunir, un año más, para organizar sus manos y cazar «a rabo» a la codiciada perdiz o a la veloz «rabona». Y parece, en esta primera impresión, y a tenor de los resultados, que nos encontramos ante una temporada prometedora. Se han visto bastantes perdices, tantas como el pasado año. Es posible que hayan quedado bandos sin tocar debido al tiempo nublado, pero lo cierto es que han criado bien y han sufrido pocas bajas. Ahora lo importante es que se conserven. La mayoría de acotados establecen un cupo de dos o tres patirrojas. Son más que suficientes. Perseguir la perdiz requiere buenas piernas, abatirla buena puntería. Desgraciadamente nunca falta el carnicero de turno que, cuando tiene la oportunidad, hace el acopio.
Y también, en esta apertura, se han visto liebres. Ya los galgueros, que en días anteriores y en determinados cotos habían podido salir, lo habían advertido. Y eso que se temía que con la sequía se hubiesen incrementado las poblaciones de topillos y con ellos la temida tularemia. Parece que, afortunadamente, no ha sido así. Los conejos de monte, para los «veteranos» que ya no pueden perseguir la perdiz «a rabo», o para los que disfrutan disparando mucho y «a saque de escopeta» han dado su juego. Dicen que serán la caza del futuro cuando se inmunicen de la mixomatosis o la hemorragia vírica. En resumen, buenas sensaciones en una primera impresión para los sufridos y siempre resignados cazadores. En jornadas sucesivas veremos si se confirman.