JULIO GUILLERMO REVUELTA RASCÓN JUGADOR DE LA CULTURAL EN PRIMERA DIVISIÓN
«La Cultural es la seña de identidad de León»
«Jugar en el Bernabéu es una de esas experiencias que ayudan a crecer a los jugadores y al equipo; tienen que aprovecharla».
El mítico futbolista de la Cultural Julio Revuelta en su domicilio de Oviedo. WILLY
ÁNGEL FRAGUAS | LEÓN
Julio Guillermo Revuelta Rascón (Boñar, 1937) es uno de los míticos futbolistas que compusieron la gran Cultural que militó en Primera División en la temporada 1955/56. De aquella histórica temporada sólo viven tres integrantes, Raúl Álvarez, Emilio Lombas y Julio Revuelta.
Revuelta fue un ídolo del culturalismo por su excelente juego, pasión y amor por los colores del club leonés, al que siempre defendió con toda su alma.
—¿Cuándo despertó su pasión por el fútbol?
—Siempre me gustó el deporte. Practiqué varias disciplinas desde niño. Pero fue en el colegio de los Padres Agustinos, en el que fui interno, donde empecé a jugar al fútbol mientras estudiaba bachillerato.
—Y entonces se fue al Júpiter...
—Tenía quince años. Éramos un grupo de jugadores jóvenes pero muy buenos. Estaban Peñalosa, Serapio, Cortizo... En aquellos años jugábamos en el campeonato de aficionados, hasta que el equipo se federó en la temporada 52-53. Ahí llegó el interés de la Cultural, que acabó convirtiendo al equipo en su filial para sacar jugadores.
—¿Cuándo fichó por la Cultural?
—Dos temporadas después, aunque al principio jugué cedido en el Júpiter. Era muy joven. Me incorporé al primer equipo y viví aquella gloriosa temporada en Primera División. La Cultural es la seña de identidad de León.
—Fue la época dorada, ¿no?
—Sí, con Antonio Amilivia de presidente. Lo recuerdo con mucho cariño. Era un hombre elegante y muy educado. Fue casi como un padre para mí.
—¿Alguna anécdota?
—El año en que fiché, el club me dio un carnet con el que me dijeron que podía entrar gratis a ver el fútbol. Un domingo, fui al campo a ver el partido con mis compañeros de los Agustinos y yo, que era un chaval, les dije: «Vosotros id a general, que yo tengo pase para tribuna». Con el carnet en la mano me acerqué al portero y le dije que me dejara entrar, que era jugador de la Cultural. «¿Tú eres jugador de la Cultural? Anda, devuelve ese papel de donde lo cogiste y vete a criar…», me dijo él al verme tan jovencito. El siguiente domingo, volví con Federico Tagarro y no me pusieron ningún problema para pasar.
—Se asegura que entonces le llovieron ofertas de equipos de Primera. ¿Fue así?
—Lo cierto es que había varios clubes interesados en ficharme: Celta, Valencia, Gijón, Valladolid… hasta el Barcelona. Al final firmé con el Zaragoza, aunque fui el último en enterarme del traspaso. Allí jugué quince partidos en Primera, pero por falta de entrenamientos no disfruté de muchos minutos, ya que, por entonces, tuve que hacer la mili. Al final, compré la libertad y acabé jugando en Tercera con el Avilés.
—Y, un año después, de vuelta a casa, ¿no?
—Sí, estuve dos años más en la Cultural, uno de los cuales coincidí con mi hermano, José Antonio. Finalmente, fui a jugar a Francia, donde acabé mi carrera deportiva con 24 años, tras una lesión de rodilla incurable.
—Hablemos de hoy, ¿cómo ve a la Cultural?
—Cada vez me cuesta más seguir el fútbol, pero sé que hay un gran proyecto deportivo en el club. Los jugadores y el entrenador están haciendo un trabajo fantástico. Van por el buen camino. Con esfuerzo y humildad, estoy seguro de que podrán lograr el ascenso a Segunda. Es algo que, por historia, se merecen el equipo, la ciudad y la afición.
—¿Algún consejo para el partido en el Santiago Bernabéu?
—Que salgan a jugar y a disfrutar, porque no tienen nada que perder. Esta es una de esas experiencias que ayudan a crecer tanto a los jugadores como al equipo, tienen que aprovecharla.