El ¡Viva León! se hace grande cada minuto 23

El estadio coreó el himno leonés para conmemorar el año de fundación del club.

MARCIANO PÉREZ/JESÚS F. SALVADORES/F. OTERO PERANDONES

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PABLO RIOJA | LEÓN

Minuto 23. Los nervios iniciales eran ya historia y tocaba cumplir con lo que se ha convertido en toda una tradición dentro del estadio esta temporada. Los cánticos en ambos fondos se detuvieron por unos segundos para que las más de 13.000 gargantas entonasen al unísono el himno de León. Los más fieles sabían el por qué de todo mientras los menos habituales miraban a derecha e izquierda para sumarse al respetable como el mayor de los culturalistas. «Es el año de la fundación del club», le decía el padre a un pequeño de apenas diez años que no entendía tanto sufrimiento. Aún le quedan unos cuantos episodios del pasado para entender que lo que estaba viviendo en directo puede que se quede en sus retina para siempre.

El ¡Viva León! se escuchó con inusitada fuerza dentro y fuera del Reino como una especie de terapia global para que los más incrédulos se acabasen de convencer al tiempo que los eternos sufridores lo utilizasen como terapia de grupo para relajar. Los sabios del saber —manual en mano— advirtieron que los primeros veinte minutos eran la clave de todo. Un tópico más que se añade a la cuenta de aquellas aficiones que tienen algo que jugarse. Y la de la Cultural ya ha recibido un cursillo avanzado esta temporada.

No sé si el año que viene se mantendrá la tradición, pero igual que en el Bernabéu se grita aquello de ¡illa illa illa, Juanito Maravilla! cada vez que el reloj atraviesa el minuto 7 de partido, lo del himno gusta y mucho en todos los sectores. Puede ser el talismán que haga grande a toda una hinchada. Para cuando los miedos volvieron a meterse en el cuerpo, ya se había consumido la primera media hora de partido. Los cánticos se habían vuelto a adueñar del graderío y surgió otra de las consignas de los veteranos. «Hay que llegar 0-0 al descanso». Pero cuando más controlado parecía el encuentro para los de De la Barrera, el jarro de agua fría cayó de golpe para silenciar al propio silencio. Sólo Magín supo volver a conectar los ‘altavoces’. Quedaba mucha historia por contar. 55 minutos más el descuento. No sería la última vez que sonase el himno de León.

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