Sumar desde la efectividad
N adie dijo que fuera una tarea fácil y, transcurrido un cuarto de competición, la nota predominante en la categoría es la igualdad. Cada partido se resuelve o cambia de signo por mínimos detalles y el menor descuido conlleva pagar un precio demasiado caro. Ganar es un auténtico premio y puntuar un buen logro que te mantiene en la dinámica general reflejada en la clasificación como tónica general.
Los puntos saben de una forma u otra dependiendo la manera de conseguirlos, aunque el valor real es el mismo, pero los condicionantes los realzan o los empequeñecen. Se puede ganar un punto (vaso medio lleno), o perder dos (vaso medio vacío), pero la diferencia es la misma, sumar un punto en el casillero. Las victorias se pagan caras y el ser local no te da una ventaja como tal, más bien aumenta la presión con cierto sentido de incertidumbre. Jugar como visitante te obliga a encarar el encuentro de una forma expectante y con determinada prudencia.
Independientemente de estadísticas, con ausencia de la victoria desde hace seis jornadas, el gol que es la salsa de este deporte, no consigue perforar la portería visitante desde el último triunfo con el Huesca, tres partidos con pólvora mojada y con el casillero a cero, que sí han servido para sumar dos puntos. Las diferencias son escasas entre los equipos y los favoritismos no tienen cabida en la categoría, donde cualquier resultado puede ser posible por muy atípico que pueda parecer.
La Romareda pondrá a prueba a una Cultural que ha puntuado en las dos últimas actuaciones como visitante, y donde el gol sí ha hecho su aparición. Dos conjuntos con los mismos puntos y con números similares en goles a favor, aunque distintos en los encajados. Dos situaciones diferentes según los objetivos de cada uno, Zaragoza el ascenso y Cultural la permanencia.