Diario de León

BALONMANO | LIGA DE CAMPEONES

El Ademar cae con el orgullo intacto

Rodrigo dio un recital en ataque, sin amilanarse pese a la diferencia de kilos. GUILLAUME HORCAJUELO

Rodrigo dio un recital en ataque, sin amilanarse pese a la diferencia de kilos. GUILLAUME HORCAJUELO

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SERGIO C. ANUNCIBAY | LEÓN
León

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Competir hasta el último aliento. Sacrificarse. Creer hasta el final. Resistir. Todo eso y mucho más hizo ayer un Abanca Ademar que no pudo sostener el sueño de la Champions, a pesar del enorme esfuerzo que hizo ante el poderoso Montpellier (20-19), al que puso en serios aprietos con una segunda parte soberbia.

Los franceses se enredaron en la red defensiva que tejió sobre el parqué Rafa Guijosa. Jaime Fernández, en el avanzado, dio un recital y secó a los laterales contrarios tras el descanso. Cupara cerró su portería a cal y canto, mientras que Carou rindió como en sus mejores tardes. Así remontaron hasta seis goles para empatar por primera vez el partido cuando aún faltaban ocho minutos.

Dos latigazos seguidos de un inspirado Acacio pusieron al equipo leonés por delante (20-19), pero un par de errores en ataque y la efectividad de Kavticnik, que apareció por el extremo y el pivote, apagaron el conato de rebelión de un Ademar que sale muy reforzado de su paso por la máxima competición continental. Dejaron atrás la fase de grupos y estuvieron cerca de sorprender a un rival que supera en muchos millones el presupuesto del club leonés.

De poco importaron esos cuatro goles que arrastraban del encuentro en el Palacio. Mantuvieron la fe, aunque enfrente encontraran a varios internacionales de la selección gala, incluido el mejor portero del último Europeo. De hecho, Vincent Gerard fue el principal culpable de que el compromiso llegara al descanso con una diferencia de cinco goles a favor de los locales (13-8), que estarán entre los 16 mejores equipos de Europa.

La rémora que reflejaba el marcador después de los primeros treinta minutos parecía insalvable para los ademaristas, que, además, afrontaron el choque sin varios pesos pesados del vestuario. Juanjo Fernández y Mario López no viajaron con la expedición por culpa de sendas lesiones. Y Álex Costoya, que lo intentó, tuvo que ver el partido desde el banquillo a causa de unas molestias, al igual que Juanín García.

Cuatro bajas de primer nivel que no menguaron las aspiraciones de un Abanca Ademar que fue al René Bougnol a por la victoria. No iban de farol. Querían un encuentro «perro», como deseó Guijosa en la previa, «a pocos goles». Y lo tuvieron, principalmente porque en la segunda parte el conjunto leonés ofreció una clase magistral de cómo hay que defender. Consiguieron bloquear el ataque de un Montpellier que tras pasar por los vestuarios sólo batió a Cupara en siete ocasiones.

Nada que ver con lo sucedido poco antes. Los de Canayer salieron como una exhalación y endosaron al equipo visitante tres tantos en los primeros cuatro minutos, a los que respondió Piñeiro con un doblete que evitaba que los galos abrieran una brecha en el marcador nada más arrancar el duelo.

Biosca tocaba algunos balones y Acacio marcaba en su primera tentativa. Pero el Montpellier no daba tregua y lanzaba contragolpes imposibles para un Ademar al que le costaba hacer el balance defensivo. Tanto, que Guijosa pidió un tiempo muerto y reprendió a sus jugadores por «regalar» cuatro goles cuando debían replegarse.

Tras la reanudación, Jaime redujo la diferencia desde los seis metros, pero después llegó la exclusión de Carou y el tanto de Causse, amortiguado por los goles de Piñeiro y Sebas en inferioridad, aunque el Ademar atacaba sin portero.

Guijosa mantuvo esa misma idea tras recuperar al hombre excluido, pero esa superioridad de siete contra seis no surtió ningún efecto. El partido había entrado en una fase errática por ambos lados, hasta que el Montpellier ajustó de nuevo el punto de mira y anotó tres dianas en los últimos dos minutos de la primera parte para ponerse cinco arriba.

No cambió la dinámica tras pasar por los vestuarios y el Ademar estuvo en total hasta trece minutos sin anotar, que aprovecharon los galos para lograr la máxima ventaja de seis goles. Vieyra rompió esa racha tan negativa y su latigazo supuso un punto de inflexión.

A partir de ahí, los de Guijosa resurgieron de sus cenizas y mostraron la mejor versión defensiva de la temporada. También enseñaron sus armas en ataque, a pesar de que casi siempre percutían en estático. Únicamente firmaron un gol al contraataque.

Tiraron del equipo Acacio Marqués y Rodrigo, al que la diferencia de kilos y de centímetros no le amilanó. Tampoco a Piñeiro. Ese trabajo en las dos vertientes condujo al Ademar hasta el empate. Incluso se situaron por delante, aunque al final no pudieron completar la remontada. Rozaron la épica y cayeron con el orgullo intacto.

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