Abismo a la nada
E l partido disputado entre dos conjuntos, compactos, serios y concluyentes en lo táctico el que se vivió en el estadio Reino de León. Y es que los de Álvaro Cervera plantearon un juego táctico, enrevesado y poco fluido. Los leoneses, por su parte, no fueron capaces de contrarrestar la superioridad impetuosa de los cadistas, que a base de juego directo y transiciones ofensivas tras recuperaciones fueron capaces de desarbolar cualquier tipo de resistencia culturalista.
Los de casa no tuvieron recursos ante la superioridad andaluza en balones divididos, en pelotas disputadas o en ocasiones claras de gol que pudieran declinar la balanza. Un ritmo alto, un aprovechamiento de un error defensivo y una finalización en uno contra uno hizo que los andaluces se llevasen un duelo sumamente igualado que tuvo historia, juego y sentencia. La sentencia llevada a cabo por los cadistas, ansiosos de caudal puntual y que aceptó como bueno un rechace defensivo para hacer el gol definitivo.
El juego leonés, que mas allá del esfuerzo del juego directo, dejó la sensación de que aquella victoria con el Reus, deja un sabor agridulce, más con sabor a aspectos negativos que a aspectos positivos. Y es que cuando uno cambia por completo su discurso o síntesis inicial en virtud de los resultados, corre el riesgo de que la moneda le salga cruz y acumule su error como error colectivo, y colectivo dentro de un conjunto.
Esto para mí es lo que lleva sucediendo varias semanas. El líder duda, los soldados dudan, el equipo pierde. Con todo ello aun mantenemos la esperanza de salvar la categoría que tanto se merece la ciudad de León.
El equipo tiene once jornadas para seguir en la categoría de plata. La afición merece un equipo de León en esta categoría. Mientras hay vida por delante, la ilusión continúa estando ahí.