BALONMANO
Nunca supo mejor un empate

Cupara, Costoya y el capitán Piñeiro jugaron ayer su último partido en León con la camiseta del Abanca Ademar. La afición y sus compañeros les brindaron una emotiva ovación cuando terminó el encuentro. JESÚS F. SALVADORES
Abanca Ademar 23 Logroño 23 El equipo leonés da una lección de entrega para defender la segunda plaza con un empate muy sufrido que se logró en el último suspiro
sergio c. anuncibay | león
Hubo sangre. La derramada por Jaime Fernández en una acción fortuita con Krupa que le costó la roja. Y saltaron chispas. Muchas. Hasta que Mario López agarró la bola a falta de siete segundos para el final y encontró un empate que acerca ese subcampeonato y la Champions (23-23). Si ganan el próximo sábado en Valladolid acabarán la temporada por detrás del Barcelona.
Esta vez fue Logroño quien terminó frustrado, después de enjugar hasta cuatro goles y ponerse uno arriba a falta de poco más de un minuto por delante. Montoro encañonó a Cupara (22-23) y en la acción siguiente, tras un tiempo muerto de Guijosa, Álex Costoya, el mejor del partido, hizo dobles. El que parecía el último ataque de los leoneses se escurría entre sus manos. La pelota era otra vez de los riojanos, que atacaban para ponerse a dos con apenas un puñado de segundos de disputa. Entonces apareció el portero serbio, con una intervención descomunal, que disparó un contraataque de libro ejecutado por Mario López, el encargado de repartir los puntos en el Palacio, a donde volverán los mejores equipos del continente si se suman los dos puntos en el derbi contra el conjunto castellano.
La última final de una temporada muy exigente, ante un contrincante que, aunque no se juega nada, querrá amargar el objetivo de los leoneses, que ayer dieron una auténtica lección de entrega y sacrificio para defender esa segunda plaza. También Logroño. Los dos contendientes blandieron desde el inicio sus armas y ofrecieron un espectáculo digno de lo que había en juego. La afición disfrutó, sufrió y, al borde del infarto, celebró ese empate que sabe a victoria.
Ambos equipos, que venían de enfrentarse en Copa hace sólo una semana, arrancaron algo timoratos en la faceta ofensiva, sujetados por las defensas, que rindieron a un nivel muy alto durante los sesenta minutos. En ese primer tramo estuvo mejor plantado el 6-0 del Ademar, pero en el otro lado emergía un Krupa muy inspirado que evitó diferencias abultadas a pesar de que los riojanos tan sólo batieron una vez a Cupara en esos primeros once minutos.
Del mismo modo, a los de Guijosa les costaba un mundo aumentar la renta y cada ataque posicional era como una partida de ajedrez. Ninguno quería cometer errores.
Dos buenas acciones de Juanín pusieron al conjunto leonés por delante (3-1) y Piñeiro, que salió muy enchufado desde el banquillo, firmó con otro par de goles seguidos la máxima diferencia del encuentro (8-4), pero el capitán, que se despedía de León, sufrió una exclusión que redujo de nuevo la ventaja tras dos goles del extremo Ángel Fernández (8-6). Ese intercambio de golpes, y de algún que otro regalo fruto de la tensión, aguantó hasta el descanso (9-7), después de que Gurutz le sacara, como en la Copa, un siete metros a Juanín. También hizo lo propio Biosca, que tuvo mucha culpa de que Chiuffa mandara su penalti al larguero. Luego detuvo otro.
Nada más arrancar la segunda parte llegó la expulsión del guardameta Krupa, que dio con la pierna en la cara a Jaime Fernández. No pareció que hubiera mala intención, pero ese tipo de acciones las castiga de forma clara el reglamento. A partir de ahí, el partido entró en una dinámica peligrosa y la victoria podía caer de cualquier lado.
Costoya se echó al equipo a la espalda cuando más atascado estaba el Ademar en ataque, mientras que en Logroño era Montoro quien castigaba la portería local. El joven Cadarso movía bien a los riojanos desde la posición de central, al igual que Rodrigo, a quien Guijosa dio galones en el momento decisivo del encuentro.
Hasta siete goles hizo el lateral avilesino tras el paso por los vestuarios. Prácticamente todas las transiciones ofensivas las acababa el asturiano, letal en cada uno de sus lanzamientos.
Pero Logroño no se arrugaba y a falta de un cuarto de hora para la conclusión se puso por delante gracias al siete metros anotado por Muñoz (16-17), que estuvo muy acertado en cada una de sus tentativas.
Biosca no quería pasar de puntillas en el último compromiso del curso en el Palacio y sacó un disparo a bocajarro a Kusan, que ya se relamía en seis metros, para sostener las tablas. David Fernández, al borde del pasivo, devolvió esa pírrica ventaja al conjunto entrenado por Guijosa (20-19), aunque Montoro y Del Arco, al poco tiempo, dieron la vuelta al marcador (22-23).
Entonces llegó ese último minuto en el que pasó de todo. La bola perdida de Costoya, el paradón de Cupara, el contraataque de Mario y el fallo de Montoro sobre la bocina. Todo el Palacio lo festejó. Y despidió puesto en pie a Piñeiro, Cupara y Costoya.