La irrupción de Dembélé condena a un Coutinho perdido
En el sistema de Valverde no tiene sitio porque ni es extremo ni es interior.
Dembélé es ya el tercer máximo goleador del Barça. ALBERTO ESTÉVEZ
P. Ríos | Barcelona
Cuarta jornada de Liga sin encajar goles del Barça más sólido de la temporada. Además de la victoria ante el Celta (2-0), es el dato que más valora Ernesto Valverde porque la fragilidad defensiva se había convertido en un lastre peligroso. Tras mantener la portería a cero ante Alavés y Valladolid en el inico de Liga, Ter Stegen recibió goles durante once jornadas consecutivas, un hecho impropio de un equipo campeón de Liga que defiende el título manteniendo el liderato. Como en ataque los números de Messi (15 tantos) y Luis Suárez (11) son más o menos los de siempre, es evidente que si el campeonato está igualado, con el Atlético presionando cerca, es por la falta de intensidad defensiva colectiva que tuvo el Barça en las dos derrotas ante Leganés (2-1) y Betis (3-4) o en el empate frente al Girona (2-2) en el Camp Nou.
Solucionado ese problema, el Barça se va de vacaciones navideñas y se despide de 2018 con otros deberes. El primero, recuperar la mejor versión de Coutinho, quien ha perdido la titularidad por dos motivos: la explosión de Dembélé, quien ya suma siete goles y jugadas desequilibrantes que ayudan a Messi al centrar la atención de los defensas rivales, y la disputa deportiva del toque de Arthur y el espíritu combativo de Arturo Vidal en la media. La situación de Coutinho crea cierta alarma porque nadie duda de que es un jugador diferente, con una calidad extraordinaria y una valoración económica enorme por lo que costó y su condición de fijo en la selección de Brasil. Pero en el sistema del Barça comienza a instaurarse la sensación de que le cuesta consolidarse porque ni es extremo ni interior. En un 4-3-3 no está cómodo.