JESÚS CALLEJA AVENTURERO

«He pasado del coche que menos corría al mejor coche que hay»

Jesús Calleja afronta la cuadragésima primera edición de la carrera de rally raid más exigente del mundo. JUAN CARLOS HIDALGO

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León

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David Sánchez de Castro | madrid

Jesús González Calleja (Fresno de la Vega, 1965) es de esos rostros populares que muestra por televisión sólo una parte de su trabajo. A sus 53 años afronta la gran aventura del Dakar por tercera vez, al volante de un Toyota Hillux, el mismo que uno de los grandes favoritos, Nasser Al Attiyah. Este año él mismo admite que juega en Champions y que todo lo que sea acabar en el ‘top 25’ será un éxito, pero sobre todo quiere demostrar que no está ahí por ser ‘el de la tele’.

—Tercer Dakar que hace...

—Sí, tercero. He pasado del coche que menos corría, un secador de pelo, al mejor coche que hay. Es como si estás jugando en el equipo de tu pueblo y llegas a la final de la Champions League.

—¿Teme que, al ser un Dakar más comprimido, pueda penalizarle más un pequeño fallo o un problema?

—No me da miedo nada. Nos han avisado de que el rally va a ser durísimo, que técnicamente va a ser muy complicado y concentrado. Al ser en diez días, tiene que serlo. Han tenido problemas para ajustar el rally entre Chile, Argentina y Bolivia, y al final sólo ha quedado un país, Perú. Para que no quede un rally descafeinado, y digan que no ha funcionado, lo suplen dándole un grado de dificultad extraordinario. De hecho, nos dicen que técnicamente será el más duro de la historia. Eso para mí es bueno.

—Este año estrena copiloto, Edu Blanco, tras unos años con Jaume Aregall. ¿Cómo es el ‘feeling’ con él?

—Jaume Aregall es un amigo. Empecé con él en los rallies por amistad, por motivación de él y porque él me lo enseñó todo del mundo de los rallies. Cualquiera puede ir mejor o peor en el mundo de los rallies, cualquiera. Pero en las dunas no. Y quien me ha hecho amar las dunas, quien me ha contado todos sus secretos y quien me ha hecho domar una duna es Jaume. Tenerle al lado es la seguridad máxima, porque cuando tengo dudas, él me marca con el dedo por allí y, aunque yo nunca hubiera ido por ahí, él sabe más de dunas que yo y le hago caso a ciegas.

—¿Ha cambiado algo su rutina de preparación física?

—No hago nada distinto, porque ya tengo una obsesión con el entrenamiento durante todo el año. No porque lo necesite, sino porque me gusta. Cuando llegué hace unos días de Marruecos, me cogí la ropa y me fui a hacer 20 kilómetros por la noche corriendo en León, con una helada de miedo. Yo entreno todos los días de la semana. Incluso para mí el descanso es ir al monte, donde o bien corro o bien hago bicicleta. Y entre medias, o me voy a escalar o hago otras actividades. Pero eso es porque me divierte tanto. Por eso estoy tan bien físicamente. No es que esté delgado de no comer, es que me meto unas palizas soberanas.

—¿En qué etapa considera que ya habrá pasado lo más duro de este Dakar?

—Si superamos la etapa maratón, antes de la de descanso, habremos pasado en teoría la mayor complejidad, como el año pasado. Si pasabas Perú, ya tenías pasado lo más duro. Aunque yo lo pasé y me quedé fuera (risas).

—Isidre Esteve y Cristina Gutiérrez serán dos que también estarán peleando por entrar en ‘Primera’, ¿no?

—Estar en esos 25-30 primeros es mi objetivo, pero como dices también es el de Isidre (Esteve) y el de Cristina (Gutiérrez), que estrenan coches nuevos. Isidre lleva un año... Fue noveno en el rally de Marruecos, por ejemplo. Cristina está salvaje, va con unas ganas brutales y tiene un cochazo. Llevan el mismo coche los dos, y yo quiero que lo haga muy bien. Cristina tiene que hacerlo muy bien. Es mi apuesta de futuro para que una mujer española gane el Dakar. Ella o Laia (Sanz) en este momento.

—¿Volverá a participar en el Dakar en moto?

—Yo empecé con moto, pero lo dejé porque (se va señalando en el brazo) me falta este hueso, tengo una fisura aquí. Este también me lo partí, esta cicatriz es de otra caída... No es que le cogiera más respeto o miedo, porque sigo andando en moto, pero ahora tengo una vida profesional muy activa. Tengo que viajar mucho, muchos compromisos... Y en la moto siempre estás arriesgándote a tener lesiones que te apartarían un tiempo. Y yo no puedo tener esas lesiones ahora. Estoy en el momento más dulce de la televisión en mi vida. Este año me han dado el Ondas a mejor presentador, y estoy muy feliz con lo que hago. No puedo poner en peligro eso.

—Hábleme del Toyota Hilux que va a pilotar.

—Este coche es bestial. Tiene el equilibrio brillante. Unos frenos alucinantes, por ejemplo. Las pastillas van refrigeradas con un sistema líquido que permite hacer una conducción diferente. En un coche normal. Cuando vas a tomar una curva, tienes que ir reduciendo, porque si no, no frenas el coche. Aquí no freno casi nunca, lo hago justo antes del umbral de la curva, con lo que ahorro muchísimo tiempo en reducciones y las velocidades las bajo a lo que me conviene en la salida de la curva. ¿Su punto flojo? Que como te encuentres con baches o una frenada muy fuerte, con algún resalto, se levanta el eje trasero.

—Habrá quien alucine cuando vea que tiene 53 años ya. ¿Cuándo cree que, por ley de vida, le dará el bajón físico?

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—No me va a dar, ya verás. Lo que hago es subir el nivel de entrenamiento. Cuando voy a competir con chavales de veintitantos en carreras de montaña de bici, me lo planteo así. Si ellos se entrenan dos horas, yo me entreno cuatro o seis. No me ganan por entrenamiento, y estoy ahí con ellos.