CAROLINA RODRÍGUEZ BALLESTEROS | GIMNASTA. DOCE VECES CAMPEONA DE ESPAÑA Y DIPLOMA OLÍMPICO
«El deporte te enseña a elegir tu camino en la vida y yo soy lo que soy gracias a la gimnasia»
«La gimnasia me lo ha dado todo, como deportista y también como persona». Palabra de Carolina Rodríguez, una campeona que durante 25 años ha hecho del deporte que un día, con apenas siete años aprendió a disfrutar por la televisión una forma de vida. Un trayecto vital marcado por alegrías y también alguna tristeza que ayer desgranó en la primera de las ocho entregas de las Jornadas del Deporte Leonés que organiza Diario de León..

Carolina Rodríguez fue la encargada de iniciar las Jornadas del Deporte Leonés que cuentan con ocho entregas y protagonistas.
Creció, se formó como mujer y también disfrutó con ella de momentos irrepetibles. Hablar de gimnasia rítmica es hacerlo de todo un ejemplo de superación e ilusión como Carolina Rodríguez. La gimnasta que un día como ayer iniciaba un camino marcado por el éxito, levantaba el telón a unas jornadas que pretenden mostrar la esencia y virtudes de algunos de los deportistas que han llevado a León a lo más alto.
«Diario de León siempre ha estado estrechamente vinculado con la sociedad leonesa. Y el deporte es una elemento importante porque desgrana parte de las enseñanzas que luego nos acompañarán en la vida, algo de lo que Carolina, toda una campeona, puede mostrarnos en primera persona». Así presentaba el director del decano de la prensa leonesa, Joaquín Sánchez Torné, una iniciativa que durante ocho días contará con destacados protagonistas.
La primera Carolina Rodríguez, una gimnasta que a lo largo de 25 años ha escrito letras de oro en la historia de este deporte. Así se expresaba Ángel Fraguas, jefe de Deportes del Diario de León en la presentación de una trayectoria que la protagonista iniciaba, como debe ser, desde el principio. Unos inicios que con siete años empezaron a labrar un camino tan especial como emotivo. «Me acerqué a la gimnasia por la televisión. Veía a esas deportistas y quería ser como ellas. Fue precisamente gracias a mi hermana mayor, que era animadora del Elosúa de baloncesto, a través de la que conocí a la que durante tantos años ha sido mi madre deportiva, Ruth Fernández. Y a un club, el Ritmo, en el que empecé un 28 de enero de 1994 y con que he vivido momentos irrepetibles. Han sido mi familia deportiva y en algunos casos llegando incluso a más.
Porque la familia siempre es el gran sustento que tienes y que yo, con mis padres y hermanos, he tenido la suerte de poder tener a mi lado», apunta Carolina para la que «si de algo estoy orgullosa es de que mis padre siempre han estado a mi lado», reconoce emocionada echando una mirada atrás en la que la imagen de su hermana mayor y de su hermano aparecen de forma nítida. «Fueron otros dos grandes apoyos. En el caso de mi hermano Santi por desgracia sin poder ver como lo que en su día me dijo, recuerdo que el primero, que iba a llegar a unos Juegos, se hacía realidad. Un accidente cuando yo tenía 17 años acabó con su vida. Fue el día más triste de mi vida. Pero gracias a él y su recuerdo he podido llegar a ser lo que soy».

El Club de Prensa de Diario de León completó su aforo para la conferencia de Carolina. RAMIRO.
Sus inicios y el primer éxito en el Nacional conformaron la primera parte de la exposición ante un auditorio emocionado. «Para llegar lejos tienes que tener condiciones, pero no es lo único, también corazón. En mi caso esa sensibilidad que desprendo en las coreografías tiene en parte su razón de ser en que mis padres son sordos y para comunicarme con ellos he tenido que aprender el lenguaje de signos. Eso me ha llevado a trabajar con mi cuerpo para dotar a los ejercicios de gimnasia de una emoción especial. Creo que en eso soy distinta porque trato de emocionar con mi cuerpo, y también emocionarme yo».
En esos comienzos donde en apenas dos meses de entrenamiento en el club de toda su vida, el Ritmo, y junto a su entrenadora Ruth Fernández, lograba su primer triunfo, Carolina también subrayaba la palabra ‘esfuerzo’. «Yo siempre he elegido lo que quería. El deporte me ha enseñado eso y soy lo que soy gracias a eso. Y también que no consigues nada si no te esfuerzas, aplicas ilusión a lo que haces y sigues tu camino a pesar de las trabas y tropiezos que puedas tener. Uno se hace más grande levantándose cada vez que se cae».
La gimnasta que acumula tres presencias en los Juegos y que en los de Río lograba el diploma olímpico al que unir en unas vitrinas que cuentan con hasta 12 entorchados nacionales, recuerda aquellos años con nostalgia. «Yo era una niña y luego una adolescente para la que la gimnasia se estaba convirtiendo en una escuela de formación como persona. Por eso y a pesar de las dificultades siempre miraba para adelante. Incluso cuando teníamos que entrenar en la vieja escuela de Puente Castro . No eran las mejores pero no había otro sitio para poder entrenar. Aún así éramos superfelices porque hacíamos lo que nos gustaba», precisaba una gimnasta que en su repaso a su trayectoria remarcó en varias ocasiones los nombres de Nuria, en el caso de la segunda «una persona que siempre ha estado a mi lado y a la que un día vi llorar tras una actuación mía en mi primer campeonato de España. Pensé que había hecho todo mal pero su llanto era de alegría porque me veía lograr mi primer título».
Joaquín Sánchez Torné, Carolina Rodríguez y Ángel Fraguas . RAMIRO.
De aquellos años y su primera convocatoria con la selección, Carolina también iba a sufrir su primer revés, en este caso personal. «Lo recuerdo como si hubiera pasado hace muy poco. Mi hermano, un apasionado de la bicicleta, fallecía en un accidente de tráfico. Justo iba a participar en una competición en Madrid a diez días de que yo lo hiciera en el Mundial de 2003. Fueron unas horas amargas. Al ver que cuando decían su nombre no aparecía y luego cuando fui la primera a la que dijeron que había muerto. Es algo que te marca para siempre. Además, fui yo la que tuve que decírselo a mis padres. Estaba rota. No sabía que hacer. Quería dejarlo todo. Y en eso recibí la llamada de la Federación que con poco tacto antes de preguntarme como estaba me dijeron si iba a ir al campeonato. Al final lo hice y creo que fue uno de los que peor me salieron».
Ese revés no ha sido el único, aunque sí el más duro para la gimnasta, que también ha tenido que lidiar con varias lesiones. Incluso una que arrastró durante año y medio y que no le impedía, no sin dolores, participar en un Preolímpico, el de Londres 2012. Y superarlo para afrontar ese mismo año su segunda presencia olímpica. No la última ya que cuatro años más tarde, y batiendo todos los registros de longevidad al hacerlo con 30 años, volvía a disfrutar de unos Juegos y además con el añadido, en su adiós a la alta competición, del diploma olímpico.
No pudo estar presente en los de 2008 porque un año antes la Federación decidía prescindir de ella. «Había llegado una nueva entrenadora y con unos métodos bastante particulares decidía que yo no entraba en sus planes», apunta Carolina. «Fue de la noche a la mañana cuando me lo comunicaron. Tenía 21 años y esa decisión me marcó. Tenía que hacer las maletas, dejar todo por lo que había luchado, y volver a León. Fueron días duros en los que me aparté de la gimnasia. Pero ahí de nuevo estuvo mi familia y Ruth que me hicieron reconducir la situación. La gimnasia era demasiado importante como para dejarla a pesar del disgusto que tenía. En ese momento Ruth me dijo que preparara un aparato para la Copa de España, que por cierto gané, y esos nubarrones volvieron a disiparse. Además, en 2009 llegaba otra entrenadora y volvieron a llamarme para la selección. Hice una prueba y con un sólo aparato la responsable me dijo que era su primera baza. Sólo faltaba una cosa. Mi intención era entrenar en León junto a la entrenadora con la que siempre he estado, Ruth. Y lejos de prohibírmelo me dieron el beneplácito».
Precisamente la puesta en marcha del Centro de Alto Rendimiento en su ciudad también marcó un antes y un después. «Fíjate que en su día cuando pusieron la primera piedra pensé, otro proyecto más que no va a salir adelante. Pero no fue así y en el 2010 cuando se inauguró pude visitarlo y junto a mi entrenadora quedamos impresionadas. Pudimos hablar con su director, Daniel Mateos, y preguntarle si iba a ser posible entrenar allí. Su respuesta no pudo ser mejor. Nos escuchó e hizo todas las gestiones para que pudiéramos hacerlo. Creo que incluso fui la primera en estrenarlo», precisaba la doce veces campeona de España para la que, a pesar de que en varias ocasiones pensó en su retirada de la alta competición (Se produjo tras su éxito en los Juegos de Río de Janeiro, su ilusión por la gimnasia la llevó a dar marcha atrás. «Siempre lo he tenido claro, para hacer algo tienes que tener ilusión, y más en el deporte. No vale un quiero pero no puedo. Te tienes que entregar por completo y hacer frente a las situaciones negativas que se presenten. Que van a ser menos que las positivas. Nadie puede hacerte pensar que no lo puedes conseguir. Todo es posible en la vida siempre y cuando te esfuerces por conseguirlo. Yo tuve un sueño y al final lo he hecho realidad. En el deporte es lo mismo que en la vida. Por eso tengo claro que nadie puede marcarte las pautas a seguir, tienes que ser tú mismo. Y ahí el deporte es fundamental porque en mi caso me ha enseñado a elegir tu camino en la vida y a ser la Carolina que soy hoy en día».
Ese camino que para ella tiene momentos muy especiales, el de su primer nacional, el de su primera competición a nivel internacional o el de su diploma olímpico en unos Juegos de Río de los que tiene guardadas algunas imágenes. Tal vez la más emotiva cuando en el ejercicio de pelota «en una parte de la composición hice la figura de acunar a un niño. En ese momento apareció en mi mente la imagen de mi hermano, el que un día me dijo que iba a estar en unos Juegos y por desgracia no lo pudo ver. Fue un gran colofón a una carrera en la que el deporte ha sido una forma de vida arropada por una familia, club y amigos que siempre he tenido a mi lado».