Soberbio Florentino
H ace mucho tiempo que Florentino Pérez perdió el aura que anunciaba estrella segura con cada etapa estival como si del mismísimo rey Midas se tratase. Todo lo que tocaba se convertía en oro. Hoy, sin embargo, su particular Guerra de las Galaxias —que cuenta ya con una secuela de lujo— se ha visto empañada por el imperio de los nuevos ricos, igual de soberbios que el hoy presidente del Real Madrid, pero sin la historia ni esa incomprensible fuerza que acompaña a los de Chamartín casi desde el mismo día de su fundación. El último gran héroe en sumarse a la batalla de los egos fue un tal Gareth Bale. Y de eso hace ya seis años. Nadie puede negar que el ‘ser superior’ es tan bueno construyendo sueños tanto dentro como fuera del fútbol. Pero el brillo que emiten tres Ligas de Campeones consecutivas ha cegado a un máximo mandatario tan borracho de poder que se atrevió a confiarle el trono de Cristiano a un gran mediapunta con fama de gato pardo y a un lateral izquierdo reconvertido. Un signo de vanidad tan evidente como el enésimo ridículo de los blancos en lo que va de temporada. La única buena noticia es que el Barcelona no jugará de nuevo en el Bernabéu esta semana. Sin gol, el paraíso de oro de Florentino se asemeja cada vez más a los decorados de cartón piedra que proponía Chicho Ibáñez Serrador en sus Historias para no dormir. Y este Madrid bien podría protagonizar algún episodio. Así que señor Pérez, si ya no pertenece al Olimpo de los Dioses de este cínico circo, márchese. Que aquí nadie es imprescindible, salvo Cristiano.