Sólo Ronaldo ha brillado en un Mundial de decepciones
El calvario de las estrellas
Nadie lo hubiera dicho hace un mes. Entonces, en las vísperas del Mundial, Ronaldo era una incógnita. Pocos apostaban por él y se especulaba sobre su estado de forma. ¿A un 50%? ¿A un 60%? A dos días de la final, ese tipo de cábalas ya están de sobra. Con el 60% o 70%, le está sobrando para ser no sólo el máximo goleador del Mundial, sino para destaparse como la principal figura. El hecho de que el crack brasileño haya podido recuperar el trono no deja de ser un síntoma inequívoco y preocupante de la claudicación o el fracaso que el resto de las grandes figuras del fútbol han protagonizado en Japón y Corea. ¿Qué ha ocurrido? Todo apunta a una misma dirección: obligados a soportar un calendario infernal con sus clubes y sus selecciones, los mejores jugadores han llegado exprimidos. En Japón y Corea los cracks sólo han tenido incidencia a nivel mediático. El ejemplo más patente es Zidane, incapaz de recuperarse de la típica lesión muscular producto del sobreesfuerzo. Raúl, su compañero en el Madrid, acabó teniendo otra parecida y se perdió el partido ante Corea. Y qué decir de Figo, que lleva cuatro meses arrastrándose por sus problemas de tobillo y continuó haciéndolo en el Mundial. Falta de frescura La falta de frescura ha matado a Francia y Argentina, las dos favoritas, ambas formadas con jugadores esparcidos por las ligas más duras. ¿Quien ha destacado? Se podría hablar de tres tipos de jugadores: los porteros (Kahn, Rustu, Marcos, Casillas, Buffon, Lee...); los que han llegado frescos como lechugas porque no se han desgastado demasiado con sus clubes (Rivaldo, Ronaldo, Torrado, Arellano, Diouf o Camara); o los que son auténticas fuerzas de la naturaleza (Vieri, Roberto Carlos, Cafú, Lucio, Sas, Ergun, Tomasson, Gravesen, Wilmots, Robbie Keane y los alemanes).